Hernández Nicolás, Cristino

Cristino Hernández Nicolás

Sacerdote (1903-1981)

Nacimiento: Barruecopardo (Salamanca), 7 de marzo de 1903
Profesión religiosa: San José del Valle, 10 de septiembre de 1920
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 21 de mayo de 1932
Defunción: Badajoz, 17 de junio de 1981

Nació en el pueblo salmantino de Barruecopardo, pueblo religioso y levítico. De sus hermanos, dos fueron religiosas y dos salesianos: Cristino y su hermano menor, Guillermo, fallecido en Sevilla en 1979, a los que siguieron algún sobrino.

Su currículum formativo fue el normal: aspirantado en Cádiz; en San José del Valle, noviciado, concluido con la profesión religiosa (10 de septiembre de 1920) y el bienio filosófico; en Utrera, como asistente y maestro, convierte el trienio en sexenio de prácticas pedagógicas (1922-1928), año en que, trasladado a Sevilla-Santísima Trinidad, al mismo tiempo que asiste a los muchachos, estudia teología y, tras recibir el sacerdocio el 21 de mayo de 1932 en Sevilla, allí mismo se inicia como consejero escolástico, servicio que desempeñó durante más de 20 años.

El inspector lo destina al internado del prestigioso colegio de Utrera. Sus nueve años de modélico consejero (1938-1947) marcarían su personalidad salesiana. Su etapa de consejero la completa con los muchachos del Hogar de San Francisco de Cáceres (1953-1955).

Entre tanto, dedica un quinquenio a la administración en Málaga (1947-1953); un bienio al confesionario en el colegio mayor San Juan Bosco. Le faltaba ser catequista y lo fue, destinado primero a la escuela sindical de Puerto Real (1957-1962) y a continuación a las escuelas profesionales Lora Tamayo de Jerez de la Frontera, cerrando el periplo de su vida en Badajoz, como confesor, donde falleció el 17 de junio de 1981, a los 78 años.

El cargo de consejero le dio fama de hombre duro, fama que le vino por su corpulencia, con la que le bastaba para imponer orden y respeto. Pero fue un salesiano bondadoso, siempre presente entre los muchachos, hombre ocurrente, hasta en la disciplina y en los castigos, que los antiguos alumnos rememoraban con agrado.