Hernando Álvarez, Nicolás

Nicolás Hernando Álvarez

Sacerdote (1935-2020)

Nacimiento: Serradilla del Arroyo (Salamanca), 24 de julio de 1935
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1954
Ordenación sacerdotal: Carabanchel, 1964
Defunción: Arévalo, 6 de abril de 2020

Nació Colás, así lo conocían todos en su familia y entre sus amigos, en el bonito y religioso pueblo de Serradilla del Arroyo (Salamanca), en el seno de una familia numerosa y muy conocida en el pueblo. Sus padres fueron Manuel y María, ésta muy piadosa y muy cercana a la iglesia. En el pueblo había un santo párroco muy sensible al problema vocacional y muy amigo de los salesianos. Todos los años preparaba a uno o más chicos para enviarlos al seminario salesiano de la inspectoría Bética. Un año preparó a Colás, pero como uno de los más amigos de su familia había marchado a la inspectoría Céltica, Colás quiso seguirlo y marchó a hacer el aspirantado a Astudillo y después a Arévalo. Hizo el noviciado en Mohernando y allí profesó el 16 de agosto de 1954. Los estudios de filosofía los realizó en Guadalajara. Hecho el trienio regularmente, fue a Carabanchel para estudiar la teología. Allí fue ordenado sacerdote en 1964.

Su vida de sacerdote fue muy completa. Nicolás era una persona buena, sacrificada, humilde y muy obediente. Estaba siempre dispuesto para todo lo que le mandaran. Y los superiores supieron aprovechar esta buena disposición para mandarlo allí donde había una responsabilidad que los demás no querían asumir. Después de pasar por varios colegios, siempre en puestos de poco relumbrón, pero de mucho sacrificio, cuando hubo que mandar a un sacerdote de la inspectoría a hacer de capellán militar, por disposiciones legales, allí estaba Nicolás para asumir esa responsabilidad. Y la realizó en plenitud, dejando una estupenda impresión como persona y como sacerdote. Cuando después hubo que mandar a alguien para que se hiciera cargo de la residencia de enfermos Felipe Rinaldi en Arévalo, allí estaba Nicolás para asumir lo que tantos otros habían rechazado. Y allí estuvo una veintena de años, realizando un trabajo ímprobo, sacrificado, responsable, callado. Y siempre de con buen talante y sin quejas. Resistente como el más puro de los aceros (este era el apelativo que le daban a su familia). Él mismo, sobre todo en los últimos años pasó por varios momentos de enfermedad, pero siguió en la brecha, aunque con sus facultades ya un tanto disminuidas. Durante el tiempo del coronavirus, su despreocupada entrega a los otros, le hizo imprudentemente bajar la guardia y fue infectado del virus, que en pocos días lo llevó a la tumba. Bien se puede decir que murió en el tajo, con las botas puestas, olvidado de sí para darse todo a los demás. Muerte gloriosa de aquellas que decía Don Bosco que eran un triunfo de la Congregación.

Apenas sabida la noticia, muchas personas del pueblo expresaron su sentimiento. Era muy querido, muy popular y muy cercano a todos. Un buen paisano, un buen amigo, un gran sacerdote y un excelente salesiano. Descansa en paz amigo Nicolás.