Antonio María Javierre Ortas
Obispo (1921-2007)
Nacimiento: Siétamo (Huesca), 21 de febrero de 1921
Profesión religiosa: Gerona, 11 de septiembre de 1940
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 24 de abril de 1949
Ordenación episcopal: Huesca, 29 de junio de 1976
Defunción: Roma, 1 de febrero de 2007
Antonio María Javierre nació en Siétamo el 21 de febrero de 1921. En 1934 frecuentó el colegio salesiano de Huesca hasta 1936. El 20 de septiembre de 1937 se encontraba ya en el aspirantado de Astudillo y en el año 1939 se trasladó a Gerona para hacer el noviciado. En el informe de admisión al noviciado leemos: «Óptimas cualidades intelectuales, físicas y morales. De grandes esperanzas, si se conserva humilde». Allí hizo su primera profesión religiosa el 11 de septiembre de 1940.
En Gerona cursó también el bienio de estudios filosóficos. El trienio práctico lo hizo en el colegio de Mataró (1942-1945). Son estos los tres únicos años en que pudo ejercer su apostolado entre los jóvenes.
Óptimo recuerdo guardan sus antiguos alumnos de aquel maestro jovencito que cautivaba por sus dotes de inteligencia, cercanía y bondad.
En 1945 marchó a Salamanca. En esta ciudad hizo los votos perpetuos el 6 de enero de 1947. En la universidad pontificia salmantina realizó los estudios de teología. Fue un alumno eximio, tal como lo muestran las brillantísimas notas de su expediente académico. Estaba dotado de una poderosa inteligencia, admirada por compañeros y profesores. Fue ordenado sacerdote en Salamanca el 24 de abril de 1949 y obtuvo también el título de doctor en Teología por la misma Universidad Pontificia de Salamanca; después prosiguió sus estudios en Roma y Lovaina.
Su amplia investigación teológica giró en tomo a la sucesión apostólica y al ecumenismo. Tenía como lema la frase de san Ireneo de Lyon: «Tenemos como regla la verdad misma».
Desde 1951 hasta 1976 fue catedrático de Teología Fundamental en nuestra Universidad Pontificia Salesiana de Turín y Roma, de la que fue rector magnífico. Participó como teólogo en el Concilio Vaticano II, designado por el episcopado español.
En 1976, el papa Pablo VI lo nombró arzobispo de la Iglesia Titular de Meta. Fue su deseo que fuera la catedral de Huesca la sede de su ordenación episcopal, en la festividad de San Pedro y San Pablo de 1976. Fue consagrado obispo de manos de monseñor Enrique Tarancón, acompañado del Nuncio de S.S. y de 11 obispos más. Junto a él estaban también don Luis Ricceri, rector mayor de los salesianos, sus familiares, los antiguos alumnos salesianos de Huesca, el pueblo de Siétamo y todo Huesca volcados con su nuevo obispo. Fue un día de apoteosis para toda la ciudad.
Don Antonio Javierre fue un hombre de confianza de Pablo VI. En 1976 lo nombró secretario de la Sagrada Congregación para la Educación Católica. Fue también miembro consultor de los consejos para los laicos, la promoción de la unidad de los cristianos y de la interpretación de los textos legislativos. Nada extraño que Pablo VI le invitara a predicar los EE. EE. a la curia romana. Meditaciones que luego fueron publicadas bajo el título Cinco días de Meditación en el Vaticano.
Juan Pablo II lo creó cardenal en el consistorio del 28 de junio de 1988. Entre 1988 y 1991 fue prefecto del archivo vaticano y de la biblioteca vaticana. En 1996 trabajó como bibliotecario y archivero de la Santa Romana Iglesia y formó parte del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica hasta su muerte. De 1996 a 1999 ocupó el cargo de prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, puesto que abandonó en 1996 por razones de edad.
Estaba en posesión de la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, que le fue concedida en 1989 por el Gobierno español.
Como representante papal asistió en Úbeda (Jaén) a la clausura de las celebraciones por el IV centenario de la muerte de san Juan de la Cruz en 1991; asistió también en la Ciudad del Vaticano a la asamblea especial para África del sínodo de los obispos, 1994; y en Cochabamba (Bolivia) al VI congreso eucarístico mariano bolivariano, de 1997.
En los últimos meses de su vida estaba sometido a un tratamiento de diálisis. Un día antes de morir estuvo oficiando una misa con motivo de la fiesta de San Juan Bosco. Fue el último servicio del hijo al padre, por quien sentía un gran amor filial. En su carta de petición al noviciado confesaba su vocación sacerdotal y salesiana: «Un motivo para mí muy digno de subrayarse es mi vocación al estado eclesiástico. Ella fue el principio de mi vocación salesiana: la correspondencia a mis gustos y necesidades espirituales que no encontraba en el sacerdocio secular creo haberla encontrado en la Familia de Don Bosco».
Falleció, según precisaron las monjas que le cuidaban, a las siete de la mañana del 1 de febrero de 2007 en Roma, debido a un infarto.
El papa Benedicto XVI ofició el funeral. Las exequias se celebraron en el altar de la Cátedra, en la basílica de San Pedro. Allí acudieron numerosos obispos, entre ellos, el de Huesca y Jaca, Jesús Sanz Montes, y el de Vitoria, el salesiano Miguel José Asurmendi. En el transcurso de la homilía, el pontífice ensalzó el servicio eclesial del cardenal fallecido, al que calificó como fiel, generoso y siempre disponible y cordial, y recordó su trabajo en la universidad y en la curia romana, donde fue prefecto de la congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos.
Tras el funeral, sus restos mortales fueron enterrados en el pequeño cementerio que tiene la Congregación Salesiana en las catacumbas de San Calixto, en el sur de Roma.
Don Antonio Javierre fue una persona sumamente inteligente, sencilla, ponderada y de una amabilidad exquisita. Su corazón estaba hecho a la medida de Don Bosco, fue un salesiano de alma sacerdotal y un maestro de las cosas de Dios.
Es autor de veinte libros y más de un centenar de artículos relacionados especialmente sobre cuatro materias: el milagro como signo de la revelación divina (Tres lecciones sobre el milagro frente al contin gentismo, Contraseña de Dios…), la sucesión apostólica (Prolegómenos para el estudio de la sucesión apostólica, La primera «Didaché» de la Patrística y los
«Ellógimoi» de Clemente Romano, El tema literario de la sucesión en el judaísmo, helenismo y cristianismo primitivo…), el diálogo ecuménico (Promoción con ciliar del diálogo ecuménico, La unión de las iglesias), fe, cultura y enseñanza (Valores educativos de la es cuela católica, Escuela y esperanza, La educación uni versitaria católica, Don Bosco, Padre y maestro de la juventud…). Participó en numerosos congresos internacionales de teología.
Los cargos de responsabilidad asumidos demuestran su entrega total al servicio de la Congregación en la formación de los futuros sacerdotes, y de la Iglesia, en la etapa final de su vida. Su ejemplar testimonio de laboriosidad, clara inteligencia y excelente espíritu sobrenatural y sacerdotal eran las cualidades que permitieron que su influencia fuera decisiva en la resolución de los difíciles problemas que tuvo que afrontar, desde el de visitador apostólico en la Universidad Pontificia de Salamanca en el año 1970, hasta las altas responsabilidades en la curia romana.
El papa Benedicto XVI afirmó que «el cardenal Javierre ha querido que su existencia personal y su misión eclesial fueran un mensaje de esperanza, a través de su apostolado; y siguiendo el ejemplo de san Juan Bosco, se ha esforzado por comunicar a todos que Cristo está siempre con nosotros».