Modesto Jiménez Martagón
Sacerdote (1884-1965)
Nacimiento: Puebla de Cazalla (Sevilla), 12 de septiembre de 1884
Profesión religiosa: Utrera (Sevilla), 30 de julio de 1904
Ordenación sacerdotal: Granada, 24 de septiembre de 1910
Defunción: Sevilla, 20 de julio de 1965
Nació en Puebla de Cazalla (Sevilla). Permaneció muy unido al pueblo que ha rotulado una calle con su nombre.
En la casa salesiana de Sevilla-Trinidad, bajo la guía de don Pedro Ricaldone, estudia como hijo de María (1899-1902) y en enero de 1903 comienza el noviciado, culminado con la profesión temporal en Utrera, en 1904.
En Cádiz realiza el trienio práctico, compaginando las prácticas pedagógicas con el estudio de teología. Fue ordenado sacerdote en Granada el 24 de septiembre de 1910.
Lo suyo fue el servicio de la administración, que desempeñó en las casas de Sevilla-Santísima Trinidad, Cádiz y Algeciras.
El quinquenio 1913-1918 entra en la casa de la Santísima Trinidad como prefecto para luego ejercitarse en la tarea de catequista y consejero de los profesionales, volcando su juventud en la dirección de los estudios y de la espiritualidad juvenil. En las dos décadas siguientes repartió su ingente labor entre Cádiz (1918-1935) y Algeciras (1935-1941).
En Algeciras entra como fundador de la casa y parroquia del Carmen. Para alentar la espiritualidad popular en 1938, se constituye la nueva cofradía bajo el nombre del Santo Cristo de la Buena Muerte, colocando como titular al Señor Crucificado, que él mismo adquirió en 1936 para presidir el altar mayor, y la Virgen de las Angustias, que una familia trajo de Granada.
Su presencia en Sevilla está relacionada con la Residencia Universitaria Salesiana (RUS), proyecto ideado por el inspector, don Florencio Sánchez, y dirigido por don Francisco de la Hoz. Don Modesto fue el responsable de la realización material del proyecto, encargado de encontrar los recursos y el dinero donde no los había. Con una confianza ilimitada en la divina Providencia, recorrió toda Andalucía dando sablazos a diestro y siniestro, de tal forma que, por donde aparecía, la gente susurraba: «Hazte el muerto que viene don Modesto». La historia del primer cuarto de siglo de la RUS en parte la escribe el ser y quehacer de este salesiano genial, de sonrisa siempre a flor de labios y un alma buena en cuerpo de gigante.
Don Modesto era un hombretón con corazón de niño… Alto, de buen porte, decidido y simpático, de gracejo fácil y oportuno. Buen sacerdote y mejor salesiano, de los de primera hora. Este hombre tan alegre, vivía una vida espiritual de una austeridad perfecta. Fue un religioso muy religioso, muy alegre, efusivo, cordial y expansivo. Cuando en la RUS faltaba el director, los universitarios le pedían que les diera las Buenas noches y siempre, en medio de sonrisas, les dejaba caer la palabra oportuna que hacía mella en sus corazones.
Falleció a los 80 años de edad, tras sembrar mucho a su paso.