Josephides Francos, Antonio

Antonio Josephides Francos

Sacerdote (1861-1919)

Nacimiento: Agia Marina (Chipre), 17 de septiembre de 1861
Profesión religiosa: Belén (Palestina), 7 de julio de 1893
Ordenación sacerdotal: Jerusalén, 22 de septiembre de 1888
Defunción: Vigo, 28 de octubre de 1919

Nació en el año 1861 en la isla de Chipre. Entró en el seminario de Jerusalén con deseo de ser sacerdote. El patriarca latino lo mandó a hacer sus estudios a Francia, volvió a Jerusalén y se ordenó sacerdote el día 22 de septiembre del año en que murió Don Bosco, 1888.

Era griego, por su origen; inglés de nacionalidad y francés por educación.

Ya sacerdote, ingresó en la Congregación de la Sagrada Familia (fundada por el canónigo don Belloni en el mismo Jerusalén) que, con los años, integraría a todos sus miembros en la Congregación Salesiana. Entre ellos estaba el joven sacerdote Antonio Josephides.

Hizo el noviciado en la casa salesiana de Belén y la profesión salesiana el día 7 de julio de 1893.

A los dos años de su entrada en la Congregación, se abrió una casa salesiana en un arrabal de la ciudad de Túnez (La Marsa) y fue enviado a ponerla en marcha y dirigirla. No le sentó bien aquel clima, por lo que, buscando un clima más benigno y conveniente a su delicada salud, fue destinado a España y le encargaron la dirección, sucesivamente, de las casas de Málaga y de Béjar.

En 1908 marchó al colegio de San Matías de Vigo y desempeñó durante varios años el cargo de consejero escolástico, atendiendo al mismo tiempo el confesionario de la capilla externa de María Auxiliadora y de la parroquia salesiana del Sagrado Corazón de Jesús. Cuando su salud se fue debilitando, se dedicó exclusivamente a confesar a los niños del colegio.

En Vigo pasó retirado los últimos años de su vida. Murió el 28 de octubre de 1919, a la edad de 58 años.

Unos días antes de emprender viaje a la eternidad, escribió una larga y curiosa carta al director de la casa, don Felipe Alcántara, en la que, después de hacerle varios encargos, le decía: «Al escribir al señor inspector y superiores mayores, tenga la bondad de manifestarles mi entera sumisión y acatamiento y, por ellos, al jefe supremo de la santa Iglesia, al pontífice romano, Benedicto XV. Y, ahora, le ruego me ayuden a prepararme al tránsito de la eternidad de la que, creo, me separa poco».