José Llácer Sancho
Sacerdote (1928-2015)
Nacimiento: Alcoy (Alicante), 6 de noviembre de 1928
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1958
Ordenación sacerdotal: Barcelona-Martí-Codolar, 5 de marzo de 1967
Defunción: El Campello, 6 de julio de 2015
Nació el 6 de noviembre de 1928 en Alcoy (Alicante), en una familia muy unida al ambiente salesiano. Muy pronto él mismo comenzó a colaborar como catequista en el colegio salesiano, compaginando su vida apostólica con el trabajo de empleado de banco. Fue presidente de los «grupos de conquista» fundados por don Tomás Vidal. A los 26 años decidió ser salesiano y comenzó su aspirantado en Gerona, conviviendo con compañeros bastante más jóvenes que él.
Realizó su año de noviciado en L’Arboç del Penedès (Tarragona), culminándolo con la profesión salesiana el 16 de agosto de 1958. Cursó los tres años de estudios filosóficos en Sant Vicenç dels Horts y el trienio en la Institución Sindical San Vicente Ferrer de Valencia. Tras los cuatro años de teología en Martí-Codolar, fue ordenado presbítero el 5 de marzo de 1967.
Después de la ordenación sacerdotal, fue catequista en Zaragoza (1967-1971) y director en las casas de Burriana (1971-1977), un año en La Almunia de Doña Godina y en Zaragoza (1978-1984). Finalizado este servicio, fue destinado a Cartagena como catequista de los alumnos de formación profesional durante cuatro años. Pasó luego a La Almunia, esta vez como director de la residencia Don Bosco para estudiantes de ingeniería técnica (1988-1997). Volvió a Cartagena hasta que en 2001 fue destinado a la casa de enfermos de El Campello, en la que estuvo hasta su fallecimiento, el 6 de julio de 2015.
De su personalidad destaca por encima de todo la fidelidad a su vocación salesiana y su entrega generosa a los jóvenes, con quienes fácilmente congeniaba, a los que se entregaba de corazón y con los que, como Don Bosco, se encontraba a gusto.
Buen pastor, de trato llano y sencillo, Pepe fue un hombre grande con corazón de niño, abierto a cualquier iniciativa que pudiera servir para atraer a los jóvenes. Se ganaba fácilmente su afecto, en especial de los alumnos mayores, porque se entregaba a ellos a tiempo completo, enseñándoles a crecer como personas y a hacer de ellos honrados ciudadanos y buenos cristianos.
Tanto en el centro de formación profesional de Zaragoza como en el de Cartagena, o después entre los estudiantes de ingeniería técnica de La Almunia de Doña Godina, supo armonizar el apostolado entre los jóvenes con sus obligaciones de administrador o director, animando el centro juvenil, organizando fiestas y viajes de verano al extranjero, fomentando grupos de fe… Al «gran Pepe», como se le llamaba familiarmente, apostólico y campechano, le resultaba fácil tratar y convivir con todo tipo de jóvenes.
Esas eran las raíces en donde brotó su vocación salesiana en el Alcoy de su juventud y esa fue su tarea mientras le respetó la salud. Siempre pensó que podía ser útil hasta el final, aun cuando las fuerzas ya le iban abandonando.
Hubo de retirarse a la casa de enfermos de El Campello, donde fueron a menos sus fuerzas, pero no su gran corazón ni su devoción por su Real Madrid…