Manuel Llebaría Frató
Coadjutor (1918-2003)
Nacimiento: Falset (Tarragona), 24 de octubre de 1918
Profesión religiosa: Gerona, 11 de septiembre de 1940
Defunción: Martí-Codolar, 21 de febrero de 2003
Nació el 24 de octubre de 1918 en Falset (Tarragona). Alumno de las escuelas salesianas de San José de Rocafort, allí conoció a los salesianos. Sus padres, José María y Dolores, estuvieron muy vinculados a la persona del director, don Francisco Serrats, a quien escondieron durante la Guerra Civil española, y que tuvo gran influencia en su vocación salesiana. Por esa época, a causa de un accidente, perdió el brazo derecho, minusvalía que le impediría alcanzar su deseo de ser sacerdote.
Después de unos meses de aspirantado en Sarrià, marchó al noviciado de Gerona (1939-1940), donde profesó como salesiano coadjutor, el 11 de septiembre de 1940.
Trabajó como maestro y asistente en Huesca-San Bernardo (1940-1946) y luego un curso en el de la calle Heredia (1946-1947) con los aspirantes. Después estuvo en Valencia-San Juan Bosco (1947-1948) y Ciutadella (1948-1951).
En Sarrià (1951-1962) colaboró intensamente en la librería salesiana y en múltiples actividades de teatro, sobremesas y veladas. Pasó después a Mataró (1962-1980) como consejero escolar de los pequeños, en los años de la implantación de la EGB.
Después de hacer el cursillo de formación permanente de El Campello, fue destinado a Andorra La Vella (1980-1984) como jefe de estudios del primer ciclo de primaria. Más tarde volvió a Mataró (1984-2003), donde permaneció hasta que le fallaron las fuerzas. Su salud fue debilitándose y el 15 de enero de 2003, debido a un infarto cerebral, quedó imposibilitado, por lo que fue trasladado a la residencia de Martí-Codolar, donde falleció el 21 de febrero de 2003, a los 84 años de edad.
Fue don Manuel Llebaría un hombre bueno y perspicaz, detallista y juicioso, exigente y acogedor, espiritual y práctico, entregado al Señor en los jóvenes, cercano y simpático, devoto de Don Bosco, María Auxiliadora y Domingo Savio.
Su minusvalía le impidió poder llegar a ser sacerdote, como él había deseado, pero superó el problema entregándose totalmente a los jóvenes desde su vocación de coadjutor. Supo obviar sus limitaciones con un excelente espíritu de superación, con unas ganas enormes de tirar adelante con ayuda de Dios y poniendo en juego sus admirables cualidades.