Luis López Allo
Sacerdote (1938-2003)
Nacimiento: Cadreita (Navarra), 28 de abril de 1938
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1955
Ordenación sacerdotal: Martí-Codolar, 19 de marzo de 1965
Defunción: Barcelona, 1 de julio de 2003
Nació en Cadreita (Navarra) el 28 de abril de 1938, hijo de Manuel y Margarita, honrados labradores que fundaron una numerosa y cristiana familia. Luisito, desde pequeño, demostró ya genio y buen temple. Arrastrado por otros cadreitanos que le precedieron en la vocación salesiana, inició su aspirantado en la casa del Tibidabo y continuó en Huesca y Gerona (1949-1954). Hizo el noviciado en L’Arboç del Penedès, donde profesó el 16 de agosto de 1955; la filosofía en Sant Vicenç dels Horts, el trienio de magisterio en las escuelas salesianas de san José de Rocafort (1958-1961), los estudios teológicos en Martí-Codolar y fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1965, en Barcelona-Martí-Codolar.
En Hogares Mundet hizo su año de pastoral y después ejerció por dos cursos el cargo de consejero en la casa de Rocafort. En 1968 fue destinado al colegio de Reus como consejero de estudios, siguió allí dos años de director y en 1971 marchó como director al colegio de Terrassa, donde trabajó por una mejora de la escuela profesional, patios, aulas, nuevos puestos escolares, atención al personal y a las familias, atención a los chicos del barrio, al centro juvenil, a iglesia, etc. También se habilitó la casa para acoger a los novicios. De 1977 a 1984 fue destinado al colegio de Rocafort, primero como consejero de estudios y después como director.
En 1984 fue enviado como administrador al colegio-internado de Huesca (1984-1995), donde desarrolló una gran actividad: además de su labor de profesor, asumió también la dirección del colegio Alto Aragón (agrupación de varios colegios concertados de la ciudad). Consiguió adaptar en Villanúa (Huesca) unos edificios de titularidad pública como casa de colonias para el colegio.
En los años 1995-2003 marchó al colegio de Mataró como administrador, al tiempo que hacía de vicario en la parroquia de María Auxiliadora y de capellán de la Hermanas Misioneras e impartía clases en el colegio.
En su intensa vida hay algunos trazos que destacan de modo especial: su amor a la Congregación, su profunda espiritualidad y su entrega a los jóvenes, en especial a los más necesitados. Creativo y emprendedor, no había empresa que se le resistiera. Con vocación de constructor, miraba siempre realizar las obras con eficacia y con el menor gasto posible.
Este espíritu activo le trajo algunos problemas y alguna enemistad que soportó con buen ánimo. Luisito —para los amigos— tenía una gran capacidad de trabajo, «todo terreno», austero, amable y eficaz, apostólico. «Soy sacerdote y por tanto la fe y la esperanza son los pilares de mi vida; ellas iluminan y orientan mi vida».
Una afección en la garganta fue minando su salud, aunque no su celo apostólico ni su enorme espíritu salesiano de trabajo. Murió en Barcelona el 1 de julio de 2003, a los 65 años de edad.