Gumersindo Losada Cid
Coadjutor (1893-1976)
Nacimiento: Coira (Orense), 15 de agosto de 1893
Profesión religiosa:
Defunción: Shillong (India), 22 de septiembre de 1976
Gumersindo nació en Coira (Orense), 15 de agosto de 1893. En 1922 marchó a la India, formando parte del grupo heroico de salesianos que puso pie en las colinas de Khasi en la India de Nord bajo la guía de monseñor Mathias. Como él mismo ha dejado escrito, cuando llegaron los salesianos al Assam el 6 de enero de 1922, nos encontramos con cuatro distritos misioneros, además de la obra de Shillong, capital del estado. La prefectura apostólica tenía una extensión de 20.000 kilómetros cuadrados y 7 millones de habitantes, de los cuales solo eran católicos 6.800. El trabajo era muy duro, pero Gumersindo era un gran trabajador y tenía muchas iniciativas. Aprendió bien las lenguas kahsi y urdu, además del inglés y el italiano. El teatro fue uno de los medios que emplearon los salesianos para atraerse al público y darse a conocer. Traducían y adaptaban dramas bíblicos o históricos, sainetes y zarzuelas.
Gumersindo tradujo algunos de ambiente español y él mismo era uno de los actores principales. Tuvieron gran éxito. Otra exitosa iniciativa suya fue la de obtener vino de misa. Como allí imperaba la ley seca, no era fácil hallar el vino necesario para las celebraciones. A Gumersindo se le ocurrió la idea de obtenerlo de las uvas pasas traídas de Calcuta. La idea resultó y fue la gran solución. Además de eso, como todos los demás misioneros, se dedicó a recorrer las aldeas cercanas a Shillong acompañando a los sacerdotes. Mientras estos confesaban, él se dedicaba a tratar con la gente, resolviendo sus problemas, enseñándoles cantos y dándoles catequesis. Después de 50 años de trabajo de los salesianos en Assam, la primitiva prefectura apostólica se ha convertido en una archidiócesis con cuatro diócesis sufragáneas con más de 300.000 católicos.
Gumersindo supo hallar plena realización en todos los trabajos que la obediencia religiosa le encomendaba. Al entusiasmo juvenil que lo caracterizaba, unía un contagioso optimismo, una infatigable actividad y un celo indiscutible. Fue excelente coadjutor salesiano, sin complejos o replanteamientos sobre su vocación. El Gobierno español reconoció su trabajo concediéndole la condecoración «España Misionera» en 1967. En las misiones vivió feliz: feliz de ser salesiano, feliz de haber sido llamado a las misiones, feliz incluso de sufrir en su última enfermedad por amor de Dios. Murió en Shillong el 22 de septiembre de 1976, a los 83 años.