Lucas Lucas, Ignacio

Ignacio Lucas Lucas

Sacerdote (1910-1971)

Nacimiento: Cieza (Murcia), 16 de agosto de 1910
Profesión religiosa: Gerona, 8 de diciembre de 1930
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 30 de mayo de 1942
Defunción: Cabezo de Torres (Murcia), 15 de junio de 1971

Nació en Cieza (Murcia) el 16 de agosto de 1910, en el seno de una familia profundamente cristiana de nueve hermanos, dedicados casi todos ellos a la docencia. El hecho de que Ignacio se decidiera a ser salesiano, la familia lo consideró una extensión de su trabajo y recibió la noticia con alborozo.

Ingresó en el aspirantado de El Campello, donde cursó los cinco años de latín. Luego marchó a Gerona para realizar el noviciado, culminándolo el 8 de diciembre de 1930 con la profesión religiosa. Aquí mismo continuará sus estudios de filosofía.

Hizo a continuación el trienio práctico en Sarrià. Estando todavía ejerciendo las prácticas, sobrevino la Guerra Civil y pudo refugiarse con su familia en Cieza. Allí, aun siendo conocida su condición de religioso, fue respetado y pudo ejercer la profesión que había aprendido en sus años de seminarista, la de barbero. Se convirtió también en el sagrario central del pueblo llevando la comunión a todos los escondidos, cosa que hizo después en Murcia cuando lo movilizaron.

Al terminar la contienda, reanudó sus estudios de teología en Carabanchel y en Barcelona fue ordenado sacerdote el 30 de mayo de 1942, por monseñor Díaz Gómara.

Siguieron luego sus años de trabajo sacerdotal en las casas de Villena, Mataró, Alcoy, Zaragoza, Valencia, Barcelona, Burriana y finalmente en Cabezo de Torres.

Don Ignacio era físicamente un hombre fornido y lleno de vitalidad, bien reconocido por el mechón de pelo blanco en su espesa cabellera negra; en cambio, su carácter era sencillo, ingenuo, sin doblez, casi infantil. Resultaba simpático por su alegría y su perenne buen humor. Tenía don de gentes, poseía el arte de convencer y supo aprovecharlo para conquistar vocaciones para la Congregación.

Fue siempre un buen trabajador, «burro de carga», como él solía decir muy satisfecho; maestro incansable, se ganaba fácilmente el afecto de los muchachos, a los cuales se entregaba totalmente.

Al final de su vida, don Ignacio añoraba su tierra y pidió ser destinado a Murcia. De esta forma llegó a Cabezo de Torres, donde pasó sus dos últimos años. Estuvo activo, hasta que no tuvo más remedio que guardar cama los últimos nueve meses, aquejado por una enfermedad renal muy grave.

En sus últimos momentos, rodeado de sus familiares y de sus hermanos salesianos, siendo consciente de la gravedad del momento, apretaba en sus manos la reliquia de Don Bosco y pedía a María Auxiliadora que le acompañase en su camino hacia el cielo. Los salesianos le decían que saludase de su parte a Don Bosco al llegar allí. Y él respondía que sí. De esta manera se fue, sencillamente, a punto de cumplir 61 años, el día 15 de junio de 1971.