Antonio Luque Castro
Coadjutor (1924-1992)
Nacimiento: Montilla (Córdoba), 8 de septiembre de 1924
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1961
Defunción: Sanlúcar la Mayor, 14 de abril de 1992
Nacido en la ciudad de Montilla, cursa sus estudios de bachillerato y de comercio en Sevilla. Su juventud transcurre en continua búsqueda del camino que le indicase la voluntad de Dios. Por fin, a los 34 años, una luz se enciende en su vida: la figura y la obra de Don Bosco. Pocos días antes de morir confesaba: «Como salesiano he sido feliz toda mi vida».
En San José del Valle hace el noviciado y profesa el 16 de agosto 1961 como salesiano coadjutor. Estudia magisterio y comienza a ejercer su misión salesiana en el aspirantado de Palma del Condado. Continúa su quehacer salesiano en Morón de la Frontera con un aumento de responsabilidades, primero como jefe de estudios y más tarde como administrador.
Es después enviado a la Universidad de Santo Domingo (Antillas) para licenciarse en Filosofía y Letras. A su vuelta, tras un breve paso por la escuela profesional de Jerez de la Frontera, es destinado al colegio de la Trinidad de Sevilla, como coordinador de COU. Durante ocho años se entrega por completo a su tarea: clases, actos culturales, representaciones de teatro, veladas…
Una corta estancia en Sevilla-Triana y en el colegio mayor universitario San Juan Bosco de esa ciudad, para llegar en 1988, definitivamente, a Utrera: un cuatrienio que vivió feliz, entregado con su COU al apostolado de las aulas y del teatro, al cultivo de sus cualidades artísticas. Antonio vivió en Utrera su segunda juventud.
Poseía el secreto de la admiración y el gozo de las cosas pequeñas. Por eso era feliz. Sabía descubrir los aspectos bellos de la realidad, tanto de las cosas como de las personas, lo que le permitió ser creador de belleza y amistad.
Era un hombre piadoso que sabía descubrir a Dios dentro de sí mismo, en las personas y en los acontecimientos… Rezaba mucho, «rezaba siempre», como él decía. Era muy devoto de María Auxiliadora. Cierto que le gustaban las imágenes de su querida Semana Santa sevillana, pero él terminaba viéndolas vestidas de Auxiliadora. El santo rosario fue una de sus devociones preferidas.
Amaba entrañablemente su vocación de salesiano coadjutor y en ella y por ella expresaba el amor y la entrega a Don Bosco, a la Congregación, a los jóvenes, en los que volcó corazón y vida. Por eso pudo confesar ser muy feliz.
La llamada final acaeció mientras hacía los ejercicios espirituales, durante la Semana Santa, en Sanlúcar la Mayor. Los primeros días, en ambiente de fervor, transcurrieron con gran paz y serenidad. El día dedicado al recuerdo de los salesianos difuntos, sobre las doce de la noche, Antonio, sintiéndose indispuesto, llamó al salesiano que estaba en la habitación contigua. Acudieron otros que no pudieron hacer nada. Un fallo cardíaco lo arrebató definitivamente. El Señor había adelantado el día de Pascua para Antonio, llevándoselo a celebrarla con Él, el 14 de abril de 1992, a los 67 años.