Luquin Arrastia, José Antonio

José Antonio Luquin Arrastia

Sacerdote (1937-1998)

Nacimiento: Aberin (Navarra), 12 de mayo de 1937
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1955
Ordenación sacerdotal: Martí-Codolar, 19 de marzo de 1965
Defunción: Cartagena (Murcia), 15 de marzo de 1998

Nació el 12 de mayo de 1937 en Aberin (Navarra), en el seno de una típica familia navarra de seis hijos, tres de los cuales —José Antonio y dos hermanas— abrazaron la vida religiosa.

Sintió pronto la vocación religiosa e ingresó en el aspirantado salesiano de Huesca y posteriormente en el de Gerona. Inició luego el noviciado en L’Arboç del Penedès, donde profesó el 16 de agosto de 1955. Cursó los estudios de filosofía en Sant Vicenç dels Horts, el trienio práctico en Alcoy-San Vicente, destino al que volverá en dos ocasiones más. En Martí-Codolar estudió teología y se ordenó sacerdote el 19 de marzo de 1965.

Ya sacerdote, fue destinado a la Institución Sindical San Vicente Ferrer de Valencia, encomendada a los salesianos. Allí trabajó entre los jóvenes aprendices. Luego pasó a la casa de Zaragoza, donde se hizo cargo de la campaña vocacional recorriendo las escuelas de los pueblos de la región.

Siguió después con la misma tarea desde Valencia-San Antonio y desde Sueca. Seguidamente estuvo destinado en Alcoy-San Vicente, El Campello y Burriana. Aquí pasó 10 años, la estancia más larga de su vida salesiana. Volvió José Antonio a Alcoy-San Vicente de director y, después de un corto período de descanso en El Campello, recaló en Cartagena, donde por fin cumplió su sueño de ser párroco (1989-1998).

En la parroquia de Cartagena encontró lo que anhelaba su corazón sacerdotal. Tras la inauguración del nuevo templo en 1991, la parroquia comenzó una nueva etapa, en la que José Antonio se sintió plenamente realizado. Se entregó a su labor con un talante de total dedicación y trato cariñoso. Visitaba a los enfermos en casa o en los hospitales y a las familias necesitadas. Acompañado de miembros de ADMA, les llevaba la comunión y departía largamente con ellos en amigable conversación. Propagó por todo el barrio la devoción a María Auxiliadora, que llevaba muy dentro.

En plena actividad, empezó a sentirse mal y descubrieron que un tumor maligno en estado muy avanzado era el origen de su anormal fiebre y de su debilitamiento. Fue entonces cuando salesianos, sacerdotes y los dos obispos de la diócesis residentes en Cartagena, estuvieron más cerca de él.

Aunque manifestaba grandes deseos de vivir, soportó con paz inalterable su enfermedad. Una de sus hermanas religiosas que le atendía le oyó cantar el mismo día de su fallecimiento: «Al atardecer de la vida me examinarán del amor». Unas horas más tarde de ese mismo día, 15 de marzo de 1998, José Antonio llegaba al encuentro definitivo con Dios. Estaba a punto de cumplir 61 años de edad.

José Antonio destacó por su pasión y entrega en el trabajo apostólico. Poseía un carácter cordial, cercano, optimista que ganaba la confianza y amistad de quienes le trataban. Por esta razón, la comunidad y los alumnos se sentían a gusto con «Luquin», como le llamaban, pues creaba a su alrededor espacios y sensaciones de paz, de serenidad y amistad.