José Antonio Marín Lorente
Coadjutor (1931-2013)
Nacimiento: Funes (Navarra), 23 de enero de 1931
Profesión religiosa: Barcelona-Martí-Codolar, 16 de agosto de 1950
Defunción: El Campello, 24 de junio de 2013
Nació José Antonio en Funes (Navarra) el 23 de enero del año 1931 en una familia profundamente religiosa formada por sus padres Crispín y Juana, y cinco hijos.
Siendo niño, alternaba la asistencia a la escuela y a la parroquia como monaguillo con el trabajo en el campo. Su párroco vio algo especial en aquel muchacho, pero fue el benemérito salesiano don Cándido Villagrá quien invitó a aquel chaval, que decía querer ser fraile, a asistir al cursillo vocacional de Pamplona. Marchó de allí al aspirantado del Tibidabo y posteriormente a Sant Vicenç dels Horts. Concluidos los años de aspirantado, inició el noviciado en Martí-Codolar donde profesó como salesiano el 16 de agosto de 1950. En Gerona comenzó los estudios de filosofía, que no pudo concluir porque decidió seguir su vocación salesiana como coadjutor.
Su trabajo salesiano como educador comenzó en Huesca-San Bernardo y continuó en el colegio de Zaragoza, donde permaneció seis años. Pero, impulsado por su espíritu misionero, marchó a Cuba, en donde pudo permanecer solamente un año, debido a la persecución y a la expulsión de religiosos por parte del régimen castrista.
A su regreso, fue de nuevo destinado a Zaragoza, en donde trabajó como maestro y ayudó durante casi dos décadas a la consolidación de aquella presencia salesiana. Posteriormente trabajó cinco años en Elche San José, uno en Ibi, dos como administrador en Villena y durante 25 años en el internado de La Almunia de Doña Godina, donde echó el resto de su gran corazón de educador salesiano.
Aunque de talante exigente, José Antonio se hizo querer por la nobleza de sus sentimientos y la bondad de su corazón en las distintas presencias salesianas a las que la obediencia lo envió. Dada su gran capacidad para relacionarse con todo tipo de personas, sintonizaba fácilmente, sobre todo con la gente sencilla.
La convicción en sus ideas no admitía doblez y conquistó el corazón de cuantos le conocieron por su disponibilidad y su gran capacidad de trabajo con los alumnos, especialmente con los más retrasados.
Toda su actividad pastoral-educativa fue una entrega impulsada y sostenida por el motor de tres tiempos de su profunda vida interior: su amor a la eucaristía, a Don Bosco y a María Auxiliadora.
Al debilitarse su salud, fue trasladado a la residencia salesiana de El Campello, donde falleció el 24 de junio de 2013, a la edad de 82 años, y donde reposan sus restos mortales.