Gabriel Martín Hernández
Sacerdote (1900-1944)
Nacimiento: Escorial de la Sierra (Salamanca), 18 de julio de 1900
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 24 de julio de 1919
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 2 de febrero de 1928
Defunción: Valencia, 4 de enero de 1944
Nació el 18 de julio de 1900 en Escorial de la Sierra (Salamanca).
El 15 de octubre de 1915 empezó los estudios de latín en Carabanchel Alto, continuándolos en El Campello. El 21 de julio de 1918 inició el noviciado en Carabanchel y profesó el 24 de julio de 1919.
Estudió dos años de filosofía en Carabanchel y realizó el tirocinio práctico en Villena (1921-1924). Cursó teología entre El Campello (1924-1925), Carabanchel (1925-1926) y Mataró (1926-1928), y fue ordenado sacerdote en Barcelona el 2 de febrero de 1928.
Trabajó en Mataró (1928-1933), como profesor de ciencias y catequista, y en Rocafort (1933-1936). Se licenció en Ciencias por la Universidad de Barcelona. Durante la Guerra Civil española estuvo en Turín, luego pasó al bando nacional y trabajó en Salamanca (1936-1939). El 16 de septiembre de 1939 llegó a Valencia-San Antonio como director y párroco de un colegio devastado (1939-1944). Allí murió el 4 de enero de 1944, a los 43 años de edad.
Cuando don Gabriel comenzó su directorado en el colegio de San Antonio, este solo contaba con tres clases elementales, un curso de bachillerato y algunos internos que estudiaban en otros centros.
El 29 de febrero de 1940 el Ministerio dio reconocimiento legal al colegio, exigiéndole ciertos complementos. El director y el prefecto se esforzaron en buscar ayudas, hasta lograr unas escuelas gratuitas de 1.000 alumnos.
Se comenzó el oratorio festivo, bajo la dirección de don Vicente Asensi. En la parroquia se restauraron altares y estatuas, el camarín y la sacristía, se embaldosó el piso de la iglesia y se compraron 60 bancos y cinco confesionarios.
A la vez don Gabriel emprendió una actividad frenética de animación de las asociaciones religiosas: la Archicofradía de María Auxiliadora, los Jueves Eucarísticos, el Apostolado de la Oración, la Adoración Nocturna, las Conferencias de San Vicente de Paúl y la Acción Católica. Organizó tandas de ejercicios (hasta 12 el primer año). Bajo su aliento florecieron el centro de antiguos alumnos y el círculo Domingo Savio, las compañías de San Luis y del Santísimo, el clero infantil…También atendía a las FMA de la ciudad, de Sueca y de Torrente, dedicaba a confesar a los fieles sesiones muy prolongadas, predicaba hasta cinco veces al día y escribía revistas, folletos, artículos para la prensa… Parecía incansable y dormía solo cinco horas.
Era de índole bondadosa, equilibrada, jovial y de una entrega total a los jóvenes. Por donde pasó brotaron las vocaciones, suscitadas sobre todo desde el confesionario. Gozaba de una aureola de superdotado, gran pedagogo, simpático, infatigable y celoso sacerdote, confesor buscado por las juventudes, predicador inspirado que atraía multitudes, pluma bien cortada, mente lúcida y corazón desbordante.