Martínez González, Francisco

Francisco Martínez González

Coadjutor (1897-1978)

Nacimiento: Piñeira de Arcos (Orense), 23 de enero de 1897
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de septiembre de 1916
Defunción: Sevilla, 23 de marzo de 1978

Nace en el pueblecito orensano de Piñeira de Arcos en 1897, en el seno de una familia campesina y profundamente cristiana, que entregó a dos de sus hijos a la Congregación: Francisco y su hermano menor, Adolfo.

Con 15 años entra en el aspirantado de Écija y el 13 de agosto de 1915 en el noviciado de San José del Valle, que concluye el 8 de septiembre de 1916 con su profesión religiosa hasta el servicio militar. Estrena su actividad salesiana, durante un quinquenio, en las escuelas de artes y oficios de Sevilla-Trinidad, donde aprende el oficio de mecánico, y continúa durante diez años en las de Málaga, ya como maestro mecánico.

Se enrola en la expedición misionera salesiana de 1931 rumbo a China, que en ese año vivirá el martirio de monseñor Luis Versiglia y Calixto Caravario. Y durante 40 años, siempre en el cargo de jefe del taller de mecánica, desarrolla su actividad salesiana en varias escuelas profesionales de aquel país.

Tuvo que pasar por situaciones difíciles en las que mostró la entereza de su espíritu y su profunda espiritualidad, no menos que su personalidad. La primera, desde el 8 de diciembre de 1941 hasta el 6 de mayo de 1942, durante el ataque y la ocupación de las tropas japonesas, que desalojaron el colegio de Aberdeen (Hong-Kong), creando el pánico y el desconcierto. Por la neutralidad de España en la guerra, su pasaporte español le permitió ser respetado en los primeros momentos y ser ángel custodio de los chicos, obligados a huir de un lugar a otro y expuestos continuamente al peligro de los bombardeos. Desafiando peligros, cuida de todos, incluso de muchos cadáveres abandonados que entierra dignamente.

La otra situación, aún más delicada, la vivió con la ocupación comunista, en 1949, al pretender las autoridades quitar a los salesianos el control del colegio, valiéndose de sus agentes para provocar desconcierto entre los maestros y alumnos. Los comunistas tuvieron que abandonar su plan, dado que la mayoría de los alumnos se opuso a denunciar a sus maestros y educadores salesianos, y solamente más tarde, habiendo introducido alumnos de otros colegios, consiguieron que los salesianos fueran denunciados públicamente y privados de la dirección del colegio. Aún entonces, los comunistas le invitaron a Francisco a continuar en el colegio al frente del taller de mecánica. Permaneció hasta 1952, siendo testimonio silencioso de bondad y cristiana caridad.

Bernard Tohill, compañero de fatigas misioneras en China e inspector de don Francisco, antes de ser consejero general de las misiones salesianas, lo visitó meses antes de morir, y dice de él: «Yo, sin exageraciones, lo coloco entre los mejores hermanos que he conocido en mi vida… A pesar de no dominar la lengua china, los salesianos, alumnos, antiguos alumnos y clientes, le guardaban no solo un gran respeto, sino una profunda veneración… Y siempre pensé que cuando llegase la muerte del señor Martínez no rezaría tanto por él, sino más bien invocaría su protección, ya que su piedad, su caridad y su fe granítica impresionaban y conquistaban».

Finalmente, enfermo de arteriosclerosis, volvía de China a España en 1970, y tras breve estancia en Jaén y San José del Valle, pasó al Hogar de San Fernando de Sevilla, en el que falleció el 23 de marzo de 1978, a los 81 años de edad.