Martínez Martínez, Pedro

Pedro Martínez Martínez

Coadjutor (1896-1981)

Nacimiento: Zaragoza, 14 de mayo de 1896
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1915
Defunción: Barcelona, 14 de agosto de 1981

Nació el 14 de mayo de 1896 en Zaragoza. En 1908 ingresó como alumno en el taller de cerrajería de Sarrià. Hizo el noviciado en Carabanchel Alto, donde profesó como salesiano coadjutor el 25 de julio de 1915.

Trabajó en Sarrià (1915-1936, 1939-1944) como maestro y jefe de taller de cerrajería y forja artística, hasta la desaparición de dicho taller. Durante la Guerra Civil española trabajó como mecánico en Autobuses Roca, pero volvió a la casa salesiana tan pronto como entraron en Barcelona las tropas del bando nacional.

De 1944 a 1949 estuvo en el colegio de Pamplona como profesor y maestro de mecánica. Al curso siguiente pasó a Alicante para fundar la escuela de mecánica. Marchó seguidamente a Sarrià como jefe de compras y suministros de cocina y talleres. En 1951 fue enviado a la Residencia Provincial de Niños de la diputación provincial de Huesca (1951-1962). Tras un año en Ripoll, fue destinado a Hogares Mundet (1963-1981), donde murió el 14 de agosto de 1981, a los 85 años, a causa de un infarto.

Don Pedro fue un singular artista del hierro y de la forja. Como otros muchos salesianos de entonces, debía su formación artística sobre todo a su propio esfuerzo. Queda como fruto de ello su libro Manual de Cerrajería. Cinceló El perro repujado, El botijo y La rana de la portería de las escuelas profesionales de Sarrià.

Era a todas horas y en todos sus trabajos, sonriente, ordenado, educador ejemplar, puntual y eficaz en la clase, siempre a disposición de los muchachos; asistente constante en patios, comedores y dormitorios. También sabía música y tocaba la trompeta con justeza y afinación admirables.

Sabía conjugar con facilidad su fe robusta y su piedad habitual, como hacía con la forja y el hierro. Era una piedad sacramental simple como la de un niño, pero profunda y robusta. Por eso era frecuente verle rezar en el patio con el rosario en la mano.

Como un patriarca que reparte sus tesoros antes de morir, dispuso por escrito el destino de sus libros y sus obras, con gran orden y amor a su oficio. Pasó su vida trabajando, no conoció el ocio; hasta dos horas antes de morir estuvo en la brecha.