Mas Mañé, Gustavo

Gustavo Mas Mañé

Sacerdote (1890-1959)

Nacimiento: Cuba, 24 de septiembre de 1890
Profesión religiosa: Sarrià, 7 de diciembre de 1906
Ordenación sacerdotal: Ciutadella (Menorca), 20 de septiembre de 1913
Defunción: Ciutadella (Menorca), 23 de junio de 1959

Nació en Cuba el 24 de septiembre de 1890 de padres catalanes, que se trasladaron a Barcelona, siendo él muy pequeño.

A los 7 años, frecuentaba el oratorio festivo de Rocafort. A los 8 ingresó como interno en Sarrià. Hizo allí los estudios elementales y el aspirantado. En el mismo Sarrià inició el noviciado y el día 7 de diciembre de 1906 profesó como salesiano.

En 1907 ponía los pies en Ciutadella. Allí lo quería María Auxiliadora. Por eso nada ni nadie pudo con su flaca persona, ni siquiera los muchos peligros de la Guerra Civil. Y terminó recibiendo la Medalla del Trabajo, ante Ciutadella entera, con ocasión de las Bodas de Oro de la fundación de la casa.

Durante el curso que siguió al noviciado en Sarrià, estudió filosofía y fue asistente de la imprenta. En el curso 1912-1913 estuvo en Carabanchel Alto, donde acabó teología. En Ciutadella fue ordenado sacerdote el 20 de septiembre de 1913.

Trabajó en esa casa salesiana en todos los ámbitos de la misma, sobre todo en los años que siguieron a la Guerra Civil: como profesor, consejero de estudios y catequista, pero sin dejar nunca la escuela. Vivió y se desvivió en la isla durante más de 50 años. Fue a ella para morir, según los médicos, a sus 17 años. Y en ella se quedó hasta que le enterraron, a los 68. La ciudad se lo reconoció declarándole Hijo Adoptivo y dedicándole una calle.

Fue un maestro de todo y en todo, un autodidacta perfecto. Puede decirse que todos los hombres de carrera de Ciutadella de entonces fueron discípulos suyos y que seguía siendo luego mentor y guía en su vida profesional. Hasta el obispo de Menorca, don Juan Torres y Ribas, ciego ya y recluido en el hospital, le dio todos los poderes para el gobierno «clandestino» de la diócesis, mientras durara la Guerra Civil.

Fue siempre el ejemplar del salesiano. Llamaba la atención su austeridad. Pobre hasta la exageración, no dejó sobre la mesa de su habitación más que el librito de oraciones. Era la regla viviente, era el brazo derecho del director, el escrupuloso y amable administrador, comprensivo, humano, servicial, piadoso y apostólico. «Amó a Dios en tal medida que a todos se supo dar». Así reza, como resumen de su vida, el epitafio de su sepultura en el panteón salesiano de Ciutadella.

Falleció en Ciutadella el 23 de junio de 1959, a los 68 años de edad.