Antonio Mateo Orts
Sacerdote (1899-1978)
Nacimiento: Elche, 28 de enero de 1899
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1915
Ordenación sacerdotal: El Campello, 14 de junio de 1924
Defunción: Cabezo de Torres (Murcia), 17 de octubre de 1978
Nació el 28 de enero de 1899 en Elche. Al quedar huérfano muy pronto, pasó a vivir con unos tíos a Alicante.
Aunque alumno de los maristas, frecuentaba el oratorio festivo salesiano, así que a los 11 años, y a pesar de la oposición de los suyos, ingresó en el aspirantado de El Campello. Realizó el noviciado en Carabanchel Alto donde profesó el 25 de julio de 1915, convirtiéndose de esa manera en el primer salesiano alicantino. Cursó los estudios de filosofía en Talavera de la Reina (Toledo), donde hizo el trienio práctico. Realizó los estudios de teología en El Campello mientras trabajaba con los aspirantes, y se ordenó sacerdote el 14 de junio de 1924. Cabe destacar que las órdenes menores las recibió de manos del santo mártir salesiano monseñor Versiglia.
Ordenado sacerdote, se quedó durante un curso en El Campello, de donde al año siguiente salió destinado durante dos años a Ceuta como capellán castrense. Cumplida esta misión, volvió de nuevo a El Campello. A los cuatro años, en 1931, marchó al Tibidabo como consejero y catequista hasta el comienzo de la Guerra Civil, que pudo superar escondido en Alicante y en Elche.
Terminada la guerra, don Antonio volvió a su trabajo, dedicado casi en exclusiva a la labor de formador de aspirantes, novicios y jóvenes salesianos en las casas de Sant Vicenç dels Horts, El Campello, Tibidabo y Gerona, unas veces como director, otras como catequista, consejero o confesor, y siempre como profesor competente en música, lengua española y lenguas clásicas.
Al dividirse la inspectoría tarraconense, fue designado secretario inspectorial de Valencia, cargo que desempeñó con gran esmero durante 17 años. Cuando ya no pudo materialmente atender debidamente a dicho cargo, aceptó ser destinado a la casa de Cabezo de Torres, que funcionaba como colegio y noviciado.
Don Antonio fue siempre y ante todo un sacerdote ejemplar, observante hasta en los más mínimos detalles, que se reflejaba en su porte decoroso, en la corrección de sus maneras y hasta en su impecable y clara caligrafía. Fue además un gran humanista, amante de la música y de las letras, defensor de la precisión en el lenguaje y el buen decir. Con su texto Gramática latina de Gurría-Mateo han estudiado muchas generaciones de salesianos.
Fue, a lo largo de toda su vida religiosa, un salesiano ejemplar entregado al trabajo, sin conocer descansos ni vacaciones, admirable por su fidelidad, su delicadeza y exactitud, su bondadosa palabra de aliento, de consejo y consuelo, como amigo, padre y confesor siempre a mano. De todos cuantos le trataron, fue reconocida la riqueza moral de su persona tan característica y genuina, casi angelical, dentro de la más limpia e inconfundible salesianidad.
En Cabezo de Torres se fue deteriorando su salud y sufrió una aguda crisis diagnosticada como cáncer de hígado, que agotó rápidamente sus fuerzas.
Recibió el viático el día 17 de octubre, rodeado de los hermanos y novicios reunidos junto a su lecho, a quienes pidió perdón. Después, alguien de los presentes le sugirió:
–«Don Antonio, díganos una palabra.
–Que améis mucho al Señor, a María Auxiliadora y a Don Bosco… ¡Y al papa!».
Las últimas palabras inteligibles captadas de sus labios fueron estas: «¡Gracias por todo, gracias a todos!».
Sus restos descansan en el panteón familiar del cementerio de Elche, su ciudad natal.