Francisco del Mazo de la Serna
Coadjutor (1905-1993)
Nacimiento: Astudillo, 27 de noviembre de 1905
Profesión religiosa: Villa Moglia, 12 de septiembre de 1934
Defunción: Puerto Ayacucho (Venezuela),15 de diciembre de 1988
Nació Francisco en Astudillo (Palencia) el 27 de noviembre de 1905. Dos ambientes rodearon su infancia y le ayudaron a discernir su vocación de misionero: la familia, muy religiosa, y el aspirantado que con el nombre de «instituto misionero salesiano» y abrieron los salesianos en su pueblo natal. Entró en el aspirantado y estuvo primero tres años como «fámulo», una especie de «factótum», que se ocupaba de varios trabajos de la casa. Sabía de agricultura y mantenimiento. Siendo «fámulo» expresó su deseo de misionero. Lo enviaron a Villa Moglia (Italia) para el noviciado. Tenía 28 años. Quería ser salesiano laico, porque había entendido la riqueza de su identidad vocacional. El mundo del trabajo era su campo privilegiado de la acción apostólica en contacto con los jóvenes. Profesó el 12 de septiembre de 1934 y fue enviado a Venezuela.
Llegó a Puerto Ayacucho para responder a la necesidad de favorecer la agricultura. Abrieron una hacienda que llamaron «Hacienda San Enrique». Estando en Puerto Ayacucho hizo sus votos perpetuos, que estampó en el lema que siempre repetía:
«La vocación es una gracia; la perseverancia, un milagro». Nunca quiso regresar a España; decía que había ido para quedarse para siempre en las misiones. En 1986 le entregaron el pasaporte y se negó a viajar. Cuando iba a Caracas, exigía un escrito en que constara que regresaría a las misiones. Estas eran su casa y aquí quería estar. Había hecho «voto» de no moverse del territorio de misiones.
El trabajo era una especie de pasión. Entregaba con orgullo a la comunidad los frutos cosechados: ganado vacuno, gallinas, hortalizas… Se las agenciaba para construir instrumentos de trabajo. Donde había vacas, la comunidad tenía siempre leche y se reservaba una parte para los niños pobres. Siempre optimista en el trabajo; admiraba la creación.
Era un buen catequista, especialmente con los niños de primera comunión. Ese día era una fiesta: a cada niño le entregaba una caja de huevos y caramelos. A los niños les gustaba estar con él, porque tenía mucha fantasía y le contaba los sueños de Don Bosco y los propios de él. Recitaba poesías y cantaba viejas canciones. Enseñaba a través de proverbios y sentencias. Fue un verdadero misionero.
El miércoles 14 de diciembre de 1993, perdió totalmente el conocimiento. La doctora constató inmediatamente que se trataba de una embolia cerebral. En efecto, así fue. No obstante, debido a su corazón fuerte, resistió hasta las 3.30 del día siguiente, jueves 15, en que Dios lo llamó por medio de María Auxiliadora a su presencia en la casa del Padre, junto a Don Bosco».