Juan Mir Balcells
Coadjutor (1890-1951)
Nacimiento: Sant Martí dels Provençals (Barcelona), 8 de junio de 1890
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 11 de septiembre de 1917
Defunción: Barcelona, 17 de octubre de 1951
Nació el 8 de junio de 1890 en Sant Martí dels Provençals (Barcelona).
El 21 de septiembre de 1908, sintiéndose atraído a la vida religiosa, llegó a Sarrià con 18 años de edad. Y el 11 de septiembre de 1916 ingresó en el noviciado de Carabanchel, donde profesó como salesiano coadjutor el 11 de septiembre de 1917. Meses después, pasó a El Campello (1917-1918), dedicándose a humildes servicios. Allí escribió la zarzuela Hacia el abismo, con música de don Julio Junyer, que se representó en 1919, con ocasión de la visita de don Felipe Rinaldi, entonces prefecto general.
Tras unos años en Valencia (1918-1921), volvió a Sarrià, donde (excepto el paréntesis de la Guerra Civil) permaneció hasta su muerte, acaecida el 17 de octubre de 1951, a sus 61 años de edad.
El señor Mir merece un puesto de honor en las librerías salesianas; el Muy Inteligente Realizador (juego de palabras de su seudónimo teatral MIR) fue un benemérito del ramo en el ambiente salesiano. La Galería Dramática Salesiana le debe creaciones y arreglos de muchas comedias y farsas, género preferido por el señor Mir, por su carácter alegre y jovial. Tenía una pluma llena de brío; sus muchas obras teatrales eran sencillas, pero poseían llamaradas geniales y gustaban mucho al público. Cultivaba el género de la astracanada, imitaba la forma disparatada y cómica de Muñoz Seca, cuyos juegos de vocablos empleaba mucho en sus chistes. Pertenecía a la Sociedad de Autores e iba mensualmente a cobrar sus derechos.
Pasó la mitad de su vida encerrado en aquella especie de catacumba, donde estuvo instalada tantos años la librería salesiana de Sarrià. Trabajó sin descanso en ella y en su almacén sin apenas ayudantes: escribía direcciones, distribuía obras, empaquetaba pedidos, preparaba envíos, giros postales, reembolsos, etc. Atendía a los clientes, viajantes y visitantes, llevaba la contabilidad y además escribía obras.
El señor Mir supo representar perfectamente durante toda su vida su papel de salesiano convencido, amante de su vocación. Y nunca estuvo enfermo; parecía jugar con la enfermedad. Hasta que un cáncer le obligó a rendirse.