Bernardo Muñoyerro Díaz
Sacerdote (1932-2001)
Nacimiento: Fuentes de Año (Ávila), 4 de diciembre de 1932
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1955
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 28 de febrero de 1965
Defunción: Pamplona, 9 de febrero de 2001
Bernardo, miembro de una familia numerosa (ocho hermanos), tuvo su primera experiencia laboral a los 14 años, cuando entró a trabajar como zagal, al cuidado del ganado.
A los 18 años ingresó en el seminario de Astudillo: los estudios, la diferencia de edad, la adaptación al ambiente y a los compañeros fueron las dificultades a las que tuvo que enfrentarse. Continuó sus estudios en Arévalo, hizo el noviciado en Mohernando y filosofía en Guadalajara.
En agosto de 1958 empezó el trienio en Bilbao-Deusto: trabajo duro, rico en experiencia en un colegio complejo y con 540 alumnos internos. Los estudios de teología los realizó en el teologado de Salamanca, recién estrenado, y allí recibió la ordenación sacerdotal el 28 de febrero de 1965.
La obediencia lo destinó a Errenteria (Guipúzcoa), donde desplegó su celo pastoral como catequista y de donde en 1968 fue nombrado administrador.
Errenteria resultó ser un centro en el que se adelantaron muchos fenómenos sociales y eclesiales: la secularización, el nacimiento de la violencia terrorista en la zona, la delegación de cargos en manos de laicos, la desproporción entre salesianos y seglares, etc.
En el verano de 1973 fue destinado a la librería de Pamplona. Aquí estuvo 13 años. En 1986 lo enviaron a la comunidad de Estrecho, en Madrid, desde donde tendrá oportunidad de trabajar a fondo y sistemáticamente en el conocimiento y el estudio de la Sagrada Escritura como alumno del Instituto Bíblico de Madrid. La vivencia y los conocimientos bíblicos adquiridos en este tiempo los comunicará posteriormente en charlas o en alguna pequeña publicación divulgativa sobre temas bíblicos.
Al finalizar los tres años de estudios en Madrid, va como administrador a la casa de Burgos. Eran los primeros años de andadura de esta presencia. Cuatro años más tarde, se encarga de la puesta en marcha de la biblioteca del centro de estudios superiores de Burgos.
El año 1985 es el de su personal experiencia de enfermedad, dolor, sufrimiento y adaptación total a la voluntad de Dios. Fue enviado a Pamplona, donde acabó sus días.
«¡Me espera el abrazo del Padre!». Lo repetía con frecuencia. Bernardo fue un hombre de profunda oración, de delicada fidelidad a los momentos de oración comunitaria y sensible a los tiempos de oración personal.
«Tengo la misma ilusión por morir que por vivir. Trato de asumir positivamente la frase paulina: “Morir y estar con Cristo es por supuesto lo mejor” (Flp 1,23). Confieso que nunca me he entristecido por sentir cercano el momento de la muerte». Y no eran palabras huecas, así lo vivía y lo expresaba.
Con idas y venidas a la clínica, mejoraba durante algún tiempo. Y así durante los últimos seis años, hasta que el Señor se lo llevó el 9 de febrero de 2001, a los 68 años.