Muñoz Abad, Rafael

Rafael Muñoz Abad

Sacerdote (1925-1997)

Nacimiento: Alcoy (Alicante), 21 de enero de 1925
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1945
Ordenación sacerdotal: Tibidabo, 26 de junio de 1955
Defunción: Martí-Codolar, 20 de noviembre de 1997

Nació en Alcoy (Alicante) el 21 de enero de 1925 en el seno de una familia ejemplar que entregó dos hijos a la Congregación Salesiana, Agustín y Rafael. Escribe Rafael: «Recuerdo a mi padre arrodillado al pie de la cama y rezando con nosotros las tres avemarías.

En mi casa se rezaba el rosario en familia…, mi padre nos llevaba a confesarnos los sábados. Primero se confesaba él, después nosotros. Él nos ayudaba a hacer el examen de conciencia… Recuerdo también el amor y respeto a los pobres que llamaban a la puerta».

En el colegio salesiano de su ciudad estudió la enseñanza elemental y el bachillerato. Al igual que su hermano mayor, Agustín, sintió la llamada de Dios a la vida salesiana y marchó a Sant Vicenç dels Horts para empezar el noviciado, al término del cual profesó como salesiano el 16 de agosto de 1945.

Después de los estudios de filosofía, en el colegio de Barcelona-Horta realizó el trienio práctico. En Martí-Codolar inició los estudios de teología, al término de los cuales fue ordenado sacerdote el día 26 de junio de 1955.

Ya sacerdote, ejerció los cargos de catequista, consejero o administrador en las casas de El Campello, Huesca, Villena, Cuenca y Valencia-San Antonio hasta el año 1979, salvo un bienio en Salamanca, donde cursó estudios de catequética.

En 1979 fue destinado a la comunidad de Elche, donde transcurrió su vida totalmente entregado a la enseñanza de la lengua valenciana, al apostolado sacerdotal entre los alumnos y la Asociación de María Auxiliadora. Sufrió un ataque de embolia que le sumió en una larga enfermedad y tuvo que ser ingresado en la residencia de enfermos de Martí-Codolar, donde fue atendido hasta su muerte.

Rafael fue uno de esos santos de andar por casa, de vida sencilla. Tuvo un alma de niño. Nunca dejó de ser niño, en sentido evangélico. Su actitud de asombro, de gratitud, de sencillez, de confianza, su entrega desinteresada… todo eso lo bebió en su familia, en especial de sus padres.

Mantuvo una relación especialísima con su hermano salesiano Agustín. Impresiona la lectura de sus cartas en las que se revela la vida interior de dos almas profundamente habitadas por Dios que se comunican los secretos más íntimos de su corazón y se animan en el peregrinar por la vida.

Sus antiguos alumnos le recuerdan con cariño y aún evocan cómo les inculcó la devoción a María Auxiliadora con el ingenioso recurso de la operación aritmética «6 x 4 = María Auxiliadora».

En los 10 años que permaneció enfermo en Martí-Codolar no dejó de recibir las visitas de salesianos, de antiguos alumnos y familias de Elche, que quedaban profundamente edificados por su prolongado apretón de manos, su sonrisa y sus dibujos —a falta de palabras—, con los que quería expresar sus sentimientos de gratitud.

Murió el día 20 de noviembre del año 1997, a los 72 años de edad. Los funerales se celebraron en Alcoy, su ciudad natal, y sus restos descansan en el cementerio de esta ciudad junto a los de sus padres.