Noguer Bosch, Rafael

Rafael Noguer Bosch

Sacerdote (1864-1934)

Nacimiento: Amer (Gerona), 5 de diciembre de 1864
Profesión religiosa: Turín, 24 de junio de 1895
Ordenación sacerdotal: Calahorra, 22 de diciembre de 1888
Defunción: Valencia, 14 de enero de 1934

Nació el 5 de diciembre de 1864 en Amer (Gerona). En 1881 profesó entre los misioneros del Inmaculado Corazón de María, de San Antonio María Claret. Luego estudió en los seminarios de Vich y Vitoria, siendo ordenado sacerdote en Calahorra (La Rioja), el 22 de diciembre de 1888.

En 1892 marchó a México como misionero y se dedicó a las misiones populares. El 8 de agosto de 1892 predicó una en el colegio salesiano, que atendían unos cooperadores, y 3 meses después llegaron a México los primeros religiosos salesianos, con los que hizo amistad.

El 1 de enero de 1894 entró en la casa salesiana de Santa Julia para iniciar el noviciado, que hubo de interrumpir, porque se necesitaba dinero para la construcción del colegio, y don Rafael fue enviado a predicar misiones. El director, don Piccono, decidió que los novicios fueran a Turín a hacer la profesión; así don Rafael hizo los votos (perpetuos) en manos de don Rua, el 24 de junio de 1895.

De regreso a México, siguió su vida de misionero ambulante en México-Santa Julia (1895-1996), Turín (1897-1998), Barcelona-Sarrià (1898-1999), Argentina (1899-1900), Florencia (1901-1902), Barakaldo (1902-1903), Morelia (1903-1904) y Puebla (1905-1907).

De 1908 a 1912 no se encuentra su nombre en el elenco salesiano. En 1912 aparece en la comunidad de Santa Inés, de México-Distrito Federal (1912-1924) y Santa Julia. Tras la persecución religiosa fue destinado a Puebla (1925-1927).

Durante la persecución de Calles, debido a algunas denuncias, fueron encarcelados muchos salesianos mexicanos y el inspector ordenó a los extranjeros que salieran de México. Don Rafael volvió a España y estuvo en Valencia (1928-1934) hasta que murió de miocarditis, el 14 de enero de 1934.

Gran parte de su vida la pasó misionando, por lo que sufrió la incomprensión de algunos salesianos. Procuró siempre que su vida fuera solo para Dios, trabajando incansablemente por la extensión de su Reino, tanto en el púlpito, como en el confesionario, y con la pluma. Sus cartas personales están llenas del santo celo que lo devoraba. Los feligreses podían dar testimonio de la bondad de su corazón, su caridad hacia todos y, sobre todo, su anhelo de inmolarse por las misiones.

Fue un salesiano de los que más trabajó por difundir la devoción a María Auxiliadora por todo el territorio de México.