Ochoa de Alda e Ibarlucea, Juan Tomás

Juan Tomás Ochoa de Alda e Ibarlucea

Coadjutor (1926-1963)

Nacimiento: Bilbao, 3 de febrero de 1926
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1945
Defunción: Errentería, 7 de diciembre de 1963

Nació en Bilbao y era de aquellos huerfanitos que poblaron el primer nido de Deusto, formando —escribía don Modesto Bellido— una verdadera familia, «yo estaba de asistente y consejero, ¡Qué año tan feliz!».

Y en aquel ambiente brotó la vocación de Juanito, que a sus 18 años hacía el noviciado en Mohernando y en 1945 se consagraba a Dios con la decisión que fue lema para aquel noviciado: las cuatro eses: Semel Salesianum, Semper Salesianum.

En las primeras páginas de la historia de los colegios de San Fernando (Madrid-Fuencarral), Zamora, Burgos, San Blas, Huérfanos de Ferroviarios, Don Bosco (Errenteria), se encuentra siempre la huella de Juan Ochoa, primero como maestro ebanista hasta que la salud se lo permitió, y luego como administrativo y factótum, brazo derecho de administradores, apoyo y alegría de todos.

Juan amaba con verdadera pasión a la Virgen y le ofrecía con gesto confiado sus rezos y sus trabajos, sus alegrías y las espinas. Por eso se lo llevó Ella al atardecer de la víspera de la Inmaculada, a esa misma hora en que Juan todos los años bordaba en el escenario las veladas de la Virgen.

Juanito se merecía el descanso. «El buen Ochoa —escribe don Modesto Bellido— ha trabajado muchísimo en la Congregación a pesar de sus pocos años. Su espíritu religioso tenía todo el encanto de la sencillez. Era profundamente piadoso y escrupulosamente exacto; ante todo, sus prácticas de piedad, sus largos ratos de oración, y luego, así como era generoso con el Señor, era también extraordinariamente entregado a los demás».

Se podía contar con él para todo. Ordenado, serio, desplegaba una actividad de gran responsabilidad en la administración, ponía sumo interés en las clases de dibujo técnico y era el alma de las algazaras familiares, sobre todo era una cinta de seda entre los hermanos jóvenes y los de edad.

Su salud estaba afectada por las fuertes sacudidas del sufrimiento: el período de la postguerra, la muerte del padre en aquella ocasión, la muerte de la madre hacía justamente un año y, sobre todo, los primeros braceos en la vida salesiana precisamente en las casas que nacían. Con su temprana muerte dejó un gran hueco en todos los corazones de la casa y del colegio.

Murió en Errenteria (Guipúzcoa), el día 7 de diciembre de 1963, a los 37 años de edad.