Olivares Figueroa, Ernesto

Ernesto Olivares Figueroa

Sacerdote (1903-1992)

Nacimiento: Puerto Real (Cádiz), 5 de octubre de 1903
Profesión religiosa: San José del Valle, 10 de septiembre de 1920
Ordenación sacerdotal: San José del Valle, 30 de agosto de 1931
Defunción: San José del Valle, 16 de octubre de 1992

Nace en Puerto Real en el seno de una familia cristiana. Tuvo tres hermanos, uno de ellos religioso, hermano de las escuelas cristianas, al que veneraban por su fama de santidad.

En 1913, ingresa como alumno interno en el colegio salesiano de Cádiz y de allí parte como aspirante a Écija. En San José del Valle hace el noviciado, que culmina con la profesión religiosa el 10 de septiembre de 1920, y los estudios filosóficos. El trienio práctico lo comparte entre Arcos de la Frontera y Sevilla-Trinidad. Los estudios teológicos los realizó en diversas casas: El Campello, Ronda, Montilla y San José del Valle, donde es ordenado sacerdote el 30 de agosto de 1931.

Destinado a Montilla como encargado de la enseñanza primaria, enferma a los pocos meses y es enviado a San José del Valle, a descansar provisionalmente, provisionalidad que duraría hasta su muerte. En El Valle se quedó para siempre, desempeñando los servicios de encargado de la escuela primaria, confesor de los novicios y estudiantes de filosofía y párroco durante 18 años.

Iniciaba esta amplia etapa de párroco contando solo con una pequeña capillita, construida en un altozano, junto a la escuelita, pero de inmediato procuró poner en marcha la construcción de la parroquia en medio del pueblo. Al mismo tiempo trabaja en la animación de la comunidad parroquial, promueve misiones populares, la hermandad del Cristo del Amor con los antiguos alumnos, el círculo Domingo Savio y logra que María Auxiliadora fuera proclamada patrona de San José del Valle.

Fue un ejemplar educador, apóstol de los niños. Llegó a calar tanto el cariño que profesaba a los niños y jóvenes, que, como reconocimiento a su labor educativa, no dudaron en solicitar para el nuevo colegio público (1971) el nombre de C. P. Ernesto Olivares.

Como confesor y promotor de vocaciones sacerdotales, encontró en el confesionario el foro más apropiado y permanente de su labor formativa con pequeños y mayores, con seglares y religiosos, que gozaron de su consejo. No menos fue expresión de su celo apostólico el empeño vocacional y el envío cada año a los seminarios chicos en los que descubría signos para la vida sacerdotal o religiosa. Y los animaba, aconsejaba, les procuraba becas, los seguía con discreción.

Auténtico contemplativo en la acción, oraba en todas las circunstancias de su vida, agradables o desagradables. Sus oraciones están recogidas en varios cuadernos. Sus últimas palabras fueron las del «Ave María».

Un paro cardíaco acabaría con su vida, vida unida a la historia y a la vida del pueblo, que a su muerte lo reconoció agradecido: «Don Ernesto ha sido un regalo de Dios para San José del Valle… Ha encarnado el espíritu de Don Bosco en sus costumbres. Su persona permanecerá para siempre en la memoria de sus hijos». Falleció el 16 de octubre de 1992, recién cumplidos los 89 años.