Ordí Ribes, José

José Ordí Ribes

Sacerdote (1887-1922)

Nacimiento: Esterri d’ Àneu (Lérida), 13 de septiembre de 1887
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de mayo de 1905
Ordenación sacerdotal: Segorbe (Castellón), 23 de septiembre de 1911
Defunción: Barcelona, 7 de diciembre de 1922

Fue una más entre las excelentes y abundantes vocaciones salesianas de las montañas leridanas.

Nació en Esterri d’Àneu (Lérida) el 13 de septiembre de 1887. Bajó al colegio de Sarrià en el año 1900, cuando tenía 13 años.

Hizo los cursos de latín e ingresó en el noviciado de Carabanchel Alto. Allí profesó el 25 de mayo de 1905 y cursó los estudios de filosofía. Pasó la mayor parte de su trienio práctico en Sarrià y estudió teología en El Campello. Fue ordenado sacerdote en Segorbe (Castellón) el 23 de septiembre de 1911.

Se quedó en El Campello como maestro hasta ser destinado a Carabanchel como consejero escolástico. Su privilegiada inteligencia y su afición a los estudios le permitieron sacar el grado de bachiller, en medio de las clases y obligaciones propias del cargo (1912-1914). Lo enviaron entonces al colegio de Salamanca como catequista y con la finalidad de que estudiase en Salamanca.

Pero se requería su pluma en Sarrià. Hablaba y escribía con estilo fácil y elegante. Allí ocupó el cargo de jefe de redacción de El Oratorio Festivo y las Lecturas Católicas. Y todavía le quedaron fuerzas y tiempo para terminar los estudios universitarios y licenciarse en Filosofía y Letras (1918).

Fue llamado a Turín para dirigir el Boletín Salesiano español. Desempeñó con éxito este cargo durante dos años y volvió a España.

Lo destinaron al colegio de Mataró y allí enfermó. Todos los cuidados de los mejores médicos resultaron incapaces contra su cáncer en el estómago y, finalmente, murió.

Tenía don José Ordí un carácter sencillo y cordial, que se ganaba la amistad de cuantos trataban con él. Era admirable su equilibrado criterio, totalmente salesiano en todo; su entusiasmo por las tradiciones de la Congregación y sus superiores; su celo y su delicadeza para el ornato de la capilla y su piedad en la exacta ejecución de las ceremonias.

Sus alumnos le apreciaban. Todos querían oírle hablar y leer sus escritos. Los superiores tenían puestas en él grandes esperanzas. Pero Dios se lo llevó el 7 de diciembre de 1922, a los 35 años de edad.