Osés Villafranca, Luciano

Luciano Osés Villafranca

Coadjutor (1930-1985)

Nacimiento: Peralta (Navarra), 8 de enero de 1930
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1946
Defunción: Sarrià, 19 de agosto de 1985

Nació el 8 de enero de 1930 en Peralta (Navarra), último de los siete hermanos de una familia patriarcal.

A los 14 años ingresó como aspirante en el colegio de Pamplona, donde hizo dos cursos de mecánica. De allí pasó al noviciado de Sant Vicenç dels Horts, donde emitió su primera profesión el 16 de agosto de 1946. A continuación hizo la maestría industrial en Sarrià y después fue a Italia para perfeccionarse durante cuatro años en San Benigno Canavese y en Valdocco, donde se le juzgó como «de óptimo espíritu, profunda piedad, observancia religiosa y sacrificio».

De vuelta a Sarrià en 1953, hizo los estudios oficiales de ingeniería técnica en electricidad, mientras asistía y daba clase a los alumnos del colegio, fiel siempre al horario de la comunidad. Al acabar, y después de haber quedado el número uno de su promoción, pasó a los Hogares Mundet por un año (1957-1958), acabado el cual volvió a Sarrià, donde durante 27 años dirigió el entonces reducido taller de 41 alumnos electricistas, que logró transformar, diversificar y ampliar a los modernos talleres que acogían 690 alumnos en el momento de su temprana muerte.

En junio de 1983, una persistente fatiga fue la voz de alarma. Los análisis confirmaron la gravedad del caso: leucemia. Y empezó el tratamiento, primero en el Hospital Clínico de Barcelona, después en la clínica universitaria de Pamplona, durante el cual admiró a médicos y enfermeras por su optimismo, docilidad y paciencia. Aprovechando una temporal mejoría, aceptó la invitación de un antiguo alumno israelí para visitar Tierra Santa.

El 7 de agosto volvió contento y muy comunicativo, pero a los pocos días se acentuaron sus problemas de insomnio e inapetencia. El 19 de agosto ingresaba de nuevo en el Hospital Clínico de Barcelona, donde falleció ese mismo día. Tenía 55 años de edad.

El funeral celebrado en Sarrià el 21 de agosto, el que se celebró posteriormente en su pueblo de Peralta y en el colegio, apenas empezado el curso, evidenciaron el gran aprecio y la admiración hacia su persona por parte de su familia, de salesianos, especialmente de sus compañeros coadjutores, profesores, alumnos, antiguos alumnos y amigos. En Peralta su primer maestro de música quiso acompañar los cantos de la celebración en recuerdo del que había sido su destacado alumno hacía más de 40 años.

El señor Osés fue un ejemplo de trabajo, de paciencia y de amor a la vocación salesiana, que todos admiraban. Su conversación era agradable, sus intervenciones en las reuniones y asambleas medidas y muy pensadas. Profesor competente y entusiasta, conocía a sus alumnos y seguía a los antiguos alumnos, todos apreciaban su certera palabra, avalada por una gran competencia técnica y un admirable talante pedagógico y comprensivo. Fue un gran profesional y un gran educador en el desempeño de sus responsabilidades. En 1969 fue llamado a Roma para intervenir en la preparación del Capítulo General Especial.

Religioso ejemplar, su participación en la vida comunitaria era cordial y estaba empapada de naturalidad. Su oración era sencilla y constante.

Dotado de un finísimo oído para la música, se distinguió por su magistral dominio del saxofón, que le sirvió para actuar en veladas y homenajes, orquestas y charangas familiares, tanto en Sarrià como en Turín. El silencio del auditorio durante sus solos se convertía en aplauso cerrado al terminar. Su fina sensibilidad se extendía a su amor por la naturaleza y en ella encontraba su expansión tras intensas semanas de trabajo, y, estando ya enfermo, un clima más sereno ante los asaltos de la muerte.