Otero Frías, Elías

Elías Otero Frías

Sacerdote (1885-1973)

Nacimiento: San Adrián el Valle (León), 16 de febrero de 1885
Profesión religiosa: Sarrià, 13 de marzo de 1902
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 24 de agosto de 1914
Defunción: Santander, 25 de agosto de 1973

Ingresó en el colegio de la calle Viñas de Santander. Fue el año en que don Rua hizo su primera visita a Santander. «De aquella ocasión no me acuerdo casi, solo sé que nos dio unas estampas, que hasta hace muy poco conservé; le besamos la mano y después dio, en la iglesia de la Compañía, una conferencia a los cooperadores».

Continuó los estudios de humanidades en la casa de Sarrià. En la hoja donde anota fechas importantes tiene señalado el día 19 de octubre de 1902: «… cuando, el que era director del colegio (Santander-Viñas) don Ángel Tabarini, nos llevó a don Cirilo Sagastagoitia y a mí a Turín para que don Rua nos impusiese la sotana. El acto tuvo lugar en el antiguo despacho de Don Bosco, convertido en capilla».

En 1906 es profesor en el instituto salesiano de Vitoria-Gasteiz. Allí recibe una carta firmada por don Rua que conservará toda su vida. Recordará con verdadera satisfacción, hasta los últimos días, las anécdotas agradables de su trienio en Madrid y Salamanca; conservaba no solo fotografías de aquel tiempo, sino trabajos de sus discípulos, con algunos de los cuales seguía manteniendo frecuente correspondencia. Fue ordenado sacerdote en Salamanca el día 24 de agosto de 1914.

Ejerció el cargo de consejero en Santander y Barakaldo. Después, desempeñó el de catequista entre Orense y La Coruña. En 1929 fue destinado a Carabanchel Alto como administrador. En esta época, el señor inspector le nombró visitador de nuestros colegios, labor que realizó con precisión. En octubre de 1947, fue destinado a Santander. Veintiséis años duró su última etapa en esa casa, entregado especialmente al confesionario y a la clase.

El día 21 de junio de 1970 el Ministerio de Trabajo le concedió la Medalla de Plata al Mérito de Trabajo. Fue para él una inmensa alegría recibir este importantísimo galardón, aunque no se creía merecedor del mismo, ya que a lo largo de su vida —decía— no había hecho más que cumplir con su deber como ciudadano y sacerdote dedicado a la enseñanza.

Don Elías tenía una personalidad muy recia y original. Era agradable y atractivo en su conversación, que amenizaba con anécdotas de su vida. Cuando le preguntaban por su salud, siempre encontrábamos la misma respuesta: «Cada día estoy mejor, más sano, más fuerte y más robusto». Insaciable en el saber, su alcoba más parecía una biblioteca que una estancia para dormir. Era ingenioso y hábil. Manejaba herramientas de carpintero y de electricista, sobre todo cuando la edad no le permitía dedicarse tan intensamente al estudio y a la clase.

La enfermedad lo fue debilitando y aunque lograba recuperarse, finalmente falleció el día 25 de agosto de 1973, a los 88 años de edad.