Pacheco Aldea, Dionisio

Dionisio Pacheco Aldea

Sacerdote (1943-2020)

Nacimiento: La Revilla de Catalañazor (Soria), 15 de julio de 1943
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1961
Ordenación sacerdotal: Guatemala, 1971
Defunción: Dondo (Angola), 6 de diciembre de 2020

Dionisio nació en el pueblo La Revilla de Catalañazor, de la provincia de Soria. Sus padres fueron Dionisio Pacheco y Prudencia Aldea, de los que nacieron dos hijos gemelos: Dionisio y José María. Ambos murieron siendo niños a muy poca distancia uno del otro. Cosa que llamó mucho la atención en los vecinos del pueblo. Poco después los padres volvieron a tener otro par de gemelos y les pusieron los mismos nombre que a los dos anteriores, lo cual se prestó en ocasiones acierta confusión, como la que solía contar graciosamente el mismo Dionisio, que al ir a celebrar un misa en Barcelona y anunciar que el sacerdote era Dionisio Pacheco del La Revilla de Catalañazor, una mujer, que había marchado del pueblo cuando murieron los dos hermanos, se le acercó y le preguntó, “¿Pero tú eres Dionisio, el hijo de la señora Prudencia?. “Sí”, respondió Dionisio. “Y tenías un hermano gemelo que se llamaba José María”. “Sí”. Y la señora gritó toda asustada: “¿Entonces tú has resucitado?”.

Cursó las primeras letras en el pueblo y en Villaverde Alto (Madrid) donde se habían trasladado sus padres. De allí pasó a los aspirantados de Zuazo y de Arévalo, para entrar después en noviciado de Mohernando, donde profesó el 16 de agosto de 1961. Siempre quiso ser misionero, así es que al finalizar el noviciado fue enviado a Centro América para continuar su formación. Hizo la filosofía en El Salvador y el trienio práctico en El Salvador y Nicaragua. La Teología la estudio en Guatemala, donde fue ordenado sacerdote el 27 de junio de 1971.

Su sacerdocio lo ejerció en diversas casas de Centro América. Fue director del aspirantado de El Salvador, de Cartago, del estudiantado filosófico de Guatemala. Maestro de novicios en Guatemala y párroco también en Guatemala. Pasó algún tiempo en Barcelona, donde se licenció en Liturgia en 1993. Volvió a Centroamérica, pero las condiciones de salud de su madre hicieron que tuviera que venir a España.

Tras un corto tiempo en Madrid, donde prestó su servicio de pastoral en la parroquia de María Auxiliadora, fue llamado al Departamento de Misiones de la casa generalicia de la Pisana, encardo de la secretaría del regional y del curso de los misioneros que después de varios años en las misiones iban a Roma para tener unos meses de puesta al día en su formación. Solía venir a España con frecuencia para pasar algún tiempo con su madre.

Terminados los 5 años de servido en el dicasterio de misiones regresó a España y fue destinado a la Procura de las Misiones Salesianas, como vicario de la casa y encargado del museo misionero, al tiempo que se hacía presente junto a su madre.

Cuando la madre murió, volvió a surgir en él deseo que siempre había tenido de trabajar directamente en las misiones. El inspector de Angola, Filiberto Rodríguez , que lo había conocido bien en la casa general de Roma, le pidió que se fuera con él, pues en Angola tenían necesidad de sacerdotes de una cierta edad, pues el personal de la inspectoría era en general muy joven y faltaban salesianos de experiencia que pudieran dar testimonio salesiano a los jóvenes. Y allí marchó con sus ya 70 años de edad. Fue destinado a la casa de Dondo,

Las noticias sobre él en Dondo es que vivía con gozo la misión que tenía encomendada, muy apreciado por su cercanía y servicialidad. Por eso su muerte nos cogió de sorpresa.

Su muerte fue realmente inesperada. Había ido a la nueva Misión de Huambo, parece que allí sintió mucho frío y al regresar sentía síntomas de cierta infección respiratoria, aunque no parecía que fuera cosa grave. Fue ingresado en el hospital Divina Providencia de Luanda. Allí se agravó la situación y falleció en embolia pulmonar. Ha sido enterrado en Dondo (Angola).

Dionisio era una persona amable, piadosa, muy trabajadora y siempre dispuesta. Serio y riguroso en lo que se le encomendaba. Dormía poco, se levantaba pronto, no perdía un minuto de tiempo y eso hacía que tuviera siempre tiempo para todo.

María, Inmaculada y Auxiliadora, haga de madre para él. Descanse en la paz del Señor el bueno y servicial Dionisio. Y nos bendiga con vocaciones llenas de espíritu misionero como el de Dionisio.