Pando Altube, Benito

Benito Pando Altube

Coadjutor (1939-1976)

Nacimiento: Basauri (Vizcaya), 20 de octubre de 1939
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1959
Defunción: Errentería, 9 de enero de 1976

Antiguo alumno del colegio salesiano de Barakaldo, donde cursó sus estudios elementales, a los 14 años ingresó en la Escuela de Maestría de Barakaldo, donde adquiere la primera capacitación técnica.

En estos años se manifestó como un alumno callado, agradable y estudioso. Asistía con asiduidad al Club Vocacional de la Escuela de Maestría, donde prendió en su corazón la llama de la vocación religiosa del coadjutor salesiano.

En el aspirantado de coadjutores de San Fernando (Madrid) permaneció dos cursos; hizo el noviciado y la primera profesión en Mohernando. Fue destinado a Deusto, Bilbao, iniciando allí la docencia hasta que, el 25 de septiembre de 1960, marchó como maestro industrial a la Ciudad Laboral Don Bosco, donde dejó huella en su trabajo con los jóvenes profesionales. Su crecimiento en lo espiritual corrió en paralelo con lo técnico. En los veranos, hacía los cursillos de peritaje organizados en el colegio salesiano de Deusto, juntamente con salesianos de todas las inspectorías de España.

En el verano de 1965, la obediencia requiere su presencia en el colegio de Deusto, en calidad de maestro de mecánica. Pasó aquí tres años alternando la docencia con sus estudios oficiales en la escuela de peritos de Bilbao. Como fruto de su inquietud en el colegio de Deusto, la técnica de la rectificación y sus instalaciones tomaron un valioso incremento. En La Almunia de Doña Godina (Zaragoza) terminó la ingeniería técnica.

Fue destinado de nuevo a la Ciudad Laboral Don Bosco, como jefe de departamento de mecánica, donde supo ganarse la simpatía y el prestigio por su delicadeza y dedicación incondicional.

En los últimos años, al sentir en su brazo derecho un pequeño bulto, no le dio importancia, pues no le impedía realizar normalmente su actividad. Pero paulatinamente fue avanzando el mal y, tras análisis y diagnósticos, se llegó a la resolución de amputarle el brazo derecho. Preparado espiritualmente y habiendo encajado el duro golpe a su integridad corporal y psicológica, fue operado favorablemente el 24 de noviembre de 1974, pero al cabo de un año, la metástasis había invadido el pulmón derecho. Cuando se le comunicó la gravedad de la situación, oyó con todo dolor y lloró para prorrumpir con su sencillez de siempre: «Ya lo suponía, y estoy preparado».

Pasó la Navidad con sus familiares. Aunque con una tos persistente, ya habitual en él, le vieron jovial, animado, con ideas de futuro, pues no quería ver sufrir por él a nadie. El día 6 de enero, fiesta de los Reyes, se reincorporó a la comunidad con el regocijo y afecto de todos. Pero el día 9 no acudió a la hora de comer. Fue hallado ya cadáver en su cuarto.

La muerte y el funeral estremecieron la Ciudad Laboral Don Bosco, que despidió al buen hermano con sentimientos de pena y de profundo agradecimiento.