Luis Pazó Covelo
Sacerdote (1898-1976)
Nacimiento: Vigo, 18 de octubre de 1898
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1916
Ordenación sacerdotal: El Campello, 13 de julio de 1925
Defunción: Santiago de Compostela, 26 de agosto de 1976
Nació en el barrio marinero del Arenal de Vigo, cuatro años después de haber llegado los salesianos a aquel barrio. Su padre era armador y patrón de pesca y tenía una posición social bastante desahogada. De su cristianísima familia nacieron, nada menos, que siete vocaciones religiosas. Además de Luis, Asunción, Josefa y María, salesianas, otra hija de la Congregación de la Sagrada Familia y la última, clarisa. La crónica del colegio del Arenal habla de un séptimo candidato a salesiano, llamado Jesús. Fue mandado como aspirante a la casa de Villaverde de Pontones (Santander) y murió allí, en 1905, víctima de unas fiebres tifoideas. Este ramillete de vocaciones fue el premio que Dios dio a aquel matrimonio excelente y ejemplar, José y Silvana. La madre fue llamada el ángel de los pobres de la parroquia. Pertenecía a la junta de Damas Cooperadoras.
En el año 1905, a los 7 años, comienza la primera elemental en el colegio de San Matías, donde continuó hasta los 12 años, en que ingresó en Carabanchel Alto para iniciar el aspirantado. Los años 1913 y 1914 los pasa en el colegio de El Campello, en el que termina los estudios previos al noviciado.
Volvió a Carabanchel Alto para hacer el noviciado, que terminó con la profesión religiosa el 25 de julio de 1916. Realizó los estudios de filosofía en la misma casa y al terminar fue destinado a Santander para hacer el trienio práctico. Los estudios de teología los comenzó en Salamanca y los terminó en El Campello con la ordenación sacerdotal el 13 de julio del año 1925.
Desarrolló su trabajo apostólico pastoral en los colegios de Santander, Salamanca, La Coruña y Barakaldo, donde, después de haber desempeñado el cargo de catequista, fue nombrado director (1940-1945).
Terminada su misión en Barakaldo, es destinado a Vigo, colegio de San Matías, donde pasa 17 años; los tres primeros como director y los restantes como encargado de la iglesia de María Auxiliadora. Renovó y puso en marcha la Archicofradía de María Auxiliadora, contribuyó con todo su fervor y entusiasmo a terminar las obras, a ornamentar la iglesia y a tenerla siempre limpia y acogedora.
El resto, hasta el fin de sus días, permaneció en el Colegio-Hogar Calvo Sotelo de La Coruña.
Pasaba largas horas en el confesionario. En cualquier momento en que lo llamaran, estaba a disposición de todos, pequeños y mayores, de casa o de fuera. En sus consejos era optimista, daba siempre ánimos. Quiso celebrar la misa y predicar hasta el fin: escribía y corregía meticulosamente sus sermones y hasta los ensayaba.
Aunque tenía un temperamento y unas actitudes que, a veces, podrían parecer hieráticas, se distinguía por su delicadeza en el trato y la finura, siempre atento a detalles. Sabía pedir perdón, cuando se daba cuenta de que sus ímpetus de carácter molestaban a los demás. Fue alegre y optimista, conversador, capaz de seguir las bromas y aceptarlas en momentos de expansión. Era un hombre de Dios en el altar, en el confesionario, en el rezo del oficio divino. Oraba mucho: se podía ver en la capilla en horas en las que los demás estaban en sus clases y tareas.
En los últimos años padeció un proceso progresivo de arteriosclerosis con hipertensión, que finalmente derivó en demencia senil. Y tras un mes en estado de coma, murió el día 26 de agosto de 1976, a los 77 años de edad.