Peña Balboa, Luis

Luis Peña Balboa

Sacerdote (1892-1967)

Nacimiento: Carmona (Sevilla), 20 de diciembre de 1892
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de diciembre de 1909
Ordenación sacerdotal: Málaga, 3 de agosto de 1919
Defunción: Sevilla, 19 de diciembre de 1967

Nació, segundo de tres hermanos, en la ciudad de Carmona y, apenas abierta la presencia salesiana (1897), inicia en ella sus estudios primarios y pronto brota el germen vocacional en el primer carmonense. Luis está marcado por las características inconfundibles de los salesianos que vivieron junto al fundador, en especial la devoción entrañable a María Auxiliadora, convencido de que le era deudor de su vocación.

Al enfermar de gravedad, su padre, que primero se había opuesto, le da el consentimiento.

Marcha a Sevilla-Trinidad, donde hace el aspirantado. En la casa de la Santísima Trinidad inicia el noviciado, concluido en la nueva sede de San José del Valle, el día de la Purísima de 1909 con la primera profesión, que emitió ante don Pedro Ricaldone, entonces inspector de la bética. Continúa en el Valle dos años más atendiendo los estudios de filosofía. Terminado el trienio práctico en Montilla, alterna luego en las casas de Sevilla y Cádiz la docencia con los estudios de teología y recibe el sacerdocio en Málaga el 3 de agosto de 1919.

Ya sacerdote, de 1919 a 1931, siempre como catequista, lo vemos en Montilla, Málaga y Sevilla-Santísima Trinidad, donde prosigue como administrador y vicario del director durante los difíciles años de la República y Guerra Civil. Y luego dirige, sin interrupción, las casas de Cádiz, Málaga, Antequera, Cáceres, Sevilla-Trinidad y finalmente Rota, desde 1961 hasta su muerte.

Inolvidable fue su sentido del humor, cualidad innata que tan magníficamente iba a compaginarse con la alegría salesiana y que tantas veces le sirvió para aguantar impasible las circunstancias más adversas y sembrar buen ambiente en torno suyo, aun en los momentos más difíciles.

Hombre de su época, es natural que sufriera el contraste, tanto eclesial como salesiano, del momento y que manifestara más de una vez su turbación ante el rumbo que iban tomando las cosas.

Toda su vida fue una entrega gozosa a la educación en las varias obras salesianas con cariz eminentemente popular, para atender a la juventud menos pudiente. En la casa de Rota, última sede de su actuación, pasaba el día rodeado de niños: en las aulas, dando clase particular a los más atrasados, en patios…

Pero su característica salesiana más significativa fue el gran amor a María Auxiliadora, cuya devoción inculcó en los alumnos y en cuantas personas frecuentaban las casas donde él residió. En su última enfermedad rogaba a cuantos sacerdotes se acercaban a visitarle que le dieran la bendición de María Auxiliadora, cuya estampa, momentos antes de morir con pleno conocimiento, besaba con efusión.

A lo largo del último curso había sufrido varias intervenciones quirúrgicas. Tras dos largos meses, rodeado de afecto y atenciones fraternas, confortado con la bendición frecuente de su Auxiliadora, moría a los 74 años en Sevilla, el 19 de diciembre de 1967, un día antes de su 75 cumpleaños.