Pintado Blasco, José Félix

José Félix Pintado Blasco

Obispo (1903-1987)

Nacimiento: Huesca, 18 de mayo de 1903
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1920
Ordenación sacerdotal: Turín, 6 de julio de 1930
Ordenación episcopal: Cuenca (Ecuador), 5 de mayo de 1959
Defunción: Cuenca (Ecuador), 18 de noviembre de 1987

Nació el 18 de mayo de 1903 en Huesca, en el seno de una cristianísima familia, formada por Leonardo y Paola y siete hijos. Fue alumno del colegio salesiano de su ciudad y, a los 12 años, marchó como aspirante a El Campello (1915-1919), más tarde en Carabanchel Alto hizo el noviciado y la profesión religiosa (25 de julio de 1920). Tras los dos años de estudios de filosofía en Carabanchel, realizó el trienio práctico en Mataró (1922-1926), estudió teología en Turín-La Crocetta y recibió la ordenación sacerdotal en la basílica de María Auxiliadora, el 6 de julio de 1930.

De vuelta a España, trabajó en Mataró y Sarrià, se licenció en Ciencias Naturales en la Universidad de Barcelona y trabajó en Mataró (1934-1936), como profesor y administrador hasta la Guerra Civil. Fue apresado como tantos salesianos, pero se libró providencialmente, después de un año en prisión.

Al acabar la guerra, fue director en Mataró (1939-1946) y Valencia-San Antonio (1946-1951). En L’Arboç (1951-1957) fue director y padre maestro.

Marchó después como inspector a Ecuador (1957-1959). Al año siguiente, el 14 de diciembre de 1958, fue nombrado obispo de Foba y coadjutor con derecho a sucesión de monseñor Comín en el vicariato apostólico de Méndez y Gualaquiza (1959-1981) para los indios shuar. Su consagración episcopal se realizó el 5 de mayo de 1959 en la catedral de Cuenca (Ecuador). A los 75 años de edad (1978), presentó al papa su renuncia, que solo en 1981 le fue aceptada. Ya dimitido, siguió hasta su muerte trabajando en cuanto pudo por su querido vicariato.

Así comienza su carta mortuoria: «Cayó un roble de 84 años, sencilla y serenamente, como fue toda su vida… Realmente monseñor José Félix Pintado fue un roble de salud: superó cuatro veces la embolia y solo después de un mes de lucha le ganó una fatal neumonía».

Una vez velados fervorosamente sus restos en el santuario de María Auxiliadora de Cuenca, comenzaron a «recoger sus pasos» y a recibir el cariñoso homenaje primero en la solemne concelebración de la catedral de Cuenca, en Méndez y Sucúa. Se detuvieron después en su obra póstuma, el monasterio de clausura de las Madres Conceptas y, precedidos de un apoteósico desfile de dos kilómetros, llegaron al santuario de la Purísima de Macas, su catedral, donde él dispuso ser enterrado, conforme a su último deseo: «Quedar para siempre con mis misioneros y misioneras y con los fieles de mi amado Vicariato al que he servido con amor y entrega total durante 28 años».

Monseñor Pintado fue un hombre lleno de bondad y comprensión, paciente hasta en las impertinencias, de conversación sencilla, amena y alegre. Fue un pastor asequible a todos, servidor de Cristo en la persona de los más necesitados.

Supo unir la bondad de su carácter al celo apostólico, le llevó a poner en marcha y a apoyar una serie de obras en los más diversos ámbitos de la sociedad y de la Iglesia:

– En educación: creación de numerosos colegios y de la Escuela Normal de Macas, que lleva su nombre.

– En la salud: construcción y ampliación de tres hospitales, además de la formación del servicio Aéreo Misional (SAM).

– Con los shuar: creación y mantenimiento del Sistema Radiofónico Bicultural Shuar en castellano y en shuar, que transmitía la acción educadora y evangelizadora a los rincones más apartados. Y como hombre de ciencia, favoreció la investigación científica de la cultura shuar.

– Atención a los catequistas: «La obra que más concretamente está asegurando el futuro de la Iglesia y la vida cristiana del shuar es la de los Etzerin (catequistas)… presentes en todas las comunidades del Vicariato» (P. Luis Carollo, vicario episcopal).

Cuanto hizo y fue monseñor Pintado estuvo saturado de espíritu salesiano: apertura al diálogo, gran capacidad de escucha, sencillez y amenidad, trato asequible, fe sencilla, práctica y coherente, filial devoción a la Virgen y a Don Bosco. Como sacerdote, como formador de salesianos, como pastor, don José Pintado pasó por nuestro mundo haciendo el bien.