Pozuelo Sánchez, Ruperto

Ruperto Pozuelo Sánchez

Coadjutor (1921-2017)

Nacimiento: Alcaracejos (Córdoba), 11 de octubre de 1921
Profesión religiosa: San José del Valle (Cádiz), 16 de agosto de 1940
Defunción: Sevilla, 26 de febrero de 2017

Nació el 11 de octubre en Alcaracejos (Córdoba). Procedía de una familia humilde y trabajadora de seis hermanos. Su padre, Rafael, era picador de «Minas del Soldado», además hacía los muebles para su casa, zapatos para sus seis hijos y todavía le sobraba tiempo para trabajar su pequeño huerto. Murió pronto y su hermano mayor, Agustín, hubo de asumir el papel de padre. Al saber de la presencia de los salesianos en Pozoblanco, ingresó en el colegio, pese a las advertencias de su hermano.

A los 16 años fue trasladado a Sevilla, allí aprendió escultura, especializándose en aplicación del estuco a las imágenes. Pasó al noviciado de San José del Valle en 1939 y emitió los votos temporales el 16 de agosto de 1940.

Al año siguiente siguió allí su formación y sus primeras responsabilidades pastorales. Marchó después a Antequera. De 1942 a 1945 cumplió el servicio militar en Ceuta.

Después pasó por la casa de Morón y por la de Cádiz (1946-1964), encargado de los aspirantes durante casi 20 años. En la universidad laboral (1964-1971), se aficiona a la fotografía con una cámara de segunda mano que le regala su hermana. Autodidacta y de la mano de un profesor italiano, se aficionó de tal manera, que logró alcanzar gran fama de fotógrafo.

Finalmente es destinado al colegio de Lora Tamayo en Jerez de la Frontera (1971-2017). Era habitual verlo en los talleres con su bata azul, sus gafas de pasta gorda, poco pelo y cano y siempre una amplia sonrisa en sus labios. Entregado al máximo, trabajó siempre en los talleres por sus muchachos.

En enero de 2004 el gobierno de España le concedió la Medalla del Mérito en el Trabajo. En 2013 el Ayuntamiento de Jerez le otorgaba el reconocimiento de Hijo Adoptivo de la ciudad, «por su entrega, sacrificio, constancia, devoción, fidelidad y obediencia a lo largo de su trayectoria personal y profesional, dedicada a la docencia y al servicio a los más necesitados, así como firme defensor de la inserción laboral de los jóvenes».

Se resintió su salud con molestias en el estómago y en el aparato digestivo. Operado en el Hospital Puerta del Sur de Jerez de la Frontera, fue trasladado a la comunidad de enfermos de Sevilla. El 26 de febrero sobre las tres de la madrugada, fallecía a los 95 años de edad. Varias publicaciones jerezanas se hicieron eco de su muerte.

Fue un salesiano bueno, responsable, trabajador, dinámico, justo y recto. Tenía predilección por la juventud obrera, pobre y humilde, pionero de lo que hoy se llama inserción laboral. Patio, taller y templo fueron sus referencias. Fue un modelo de asistencia a la oración y a los cultos de María Auxiliadora. Salesiano ejemplar, alegre, respetuoso, cuidó siempre al más pobre y al más necesitado, como Don Bosco, su padre y modelo.