Ramón Sánchez, Enrique

Enrique Ramón Sánchez

Sacerdote (1927-1971)

Nacimiento: Águilas (Murcia), 14 de enero de 1927
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1946
Ordenación sacerdotal: Tibidabo, 27 de junio de 1954
Defunción: Sabadell, 21 de marzo de 1971

Nació en Águilas (Murcia) el 14 de enero de 1927. Su cristianísima familia pronto se trasladó a Barcelona y llevó a Enrique al colegio salesiano de Sarrià. Era un muchacho con alma de artista para la escritura y la declamación, con buena mano para el dibujo, cualidades todas ellas que le sirvieron eficazmente después en el apostolado salesiano.

Empezó en el Tibidabo el aspirantado que terminó en El Campello. En Sant Vicenç dels Horts hizo el noviciado y la primera profesión el 16 de agosto de 1946. Después de los estudios de filosofía en Gerona, cumplió el trienio práctico en Huesca. Siguieron los estudios de teología en Martí-Codolar y la ordenación sacerdotal el 27 de junio de 1954.

Comenzó su apostolado sacerdotal en la Residencia de Niños de Huesca y luego en Monzón, como consejero y catequista. Fue enviado después a Sabadell, donde se estaban echando los cimientos de la nueva presencia salesiana. «Era un salesiano ejemplar, alegre y de corazón sencillo, se atraía fácilmente el cariño de los niños y de las familias. Por eso lo destiné a Sabadell…» (Don Isidro Segarra).

Fue enviado después a Sant Vicenç dels Horts, encargado de las escuelas populares y confesor de los estudiantes de filosofía. Con los cargos de catequista y de vicario parroquial, pasó posteriormente a la parroquia de San Juan Bosco de la Avda. Meridiana de Barcelona y finalmente, en el año 1969, la obediencia lo destinó de nuevo a Sabadell, como administrador y vicario. En esta casa falleció repentina e inesperadamente, por más que tuviera una lesión cardíaca y sufriera de asma, después de haber celebrado la eucaristía y predicado normalmente la homilía. Tenía 44 años de edad.

Fue un salesiano con gran espíritu de trabajo, exacto en sus deberes, se preparaba muy bien las clases, ponía el corazón en cuanto hacía. La contabilidad la cerraba al día. En el dietario económico se encontró el día de cierre de caja esta frase: «Nuestra felicidad está en las personas a las que amamos».

En sus apuntes personales se refleja la hondura de su fe. A ella acudía para superar sus momentos de abatimiento. Muy afectado por la muerte de su madre y de un hermano, todo lo fue superando con la confianza en el amor y en la fuerza de Dios.

Su funeral fue una manifestación de fe y de afecto al salesiano fiel en su entrega y al sacerdote piadoso que, en aquel mismo altar, había celebrado el día anterior su última misa.