Eduardo Ramos Sánchez
Sacerdote (1910-1996)
Nacimiento: Bermellar de Camaces (Salamanca), 8 de abril de 1910
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de septiembre de 1927
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 22 de mayo de 1937
Defunción: Mérida, 1 de enero de 1996
Nació en el pueblo salmantino de Bermellar en 1910. En 1923 se encaminaba al aspirantado de Cádiz. Tras los cuatro años de humanidades, pasa a San José del Valle para hacer el noviciado y la profesión religiosa (8 de septiembre de 1927), y a continuación filosofía.
Las prácticas pedagógicas las realiza en la casa de Sevilla-Trinidad mientras cumple el servicio militar durante los años de la república (1931-1933). Iniciados los estudios de teología en Carabanchel Alto, la Guerra Civil le obliga a concluirlos en Sevilla, donde recibe el sacerdocio el 22 de mayo de 1937.
Su primer campo de ministerio sacerdotal fue el de capellán militar en el frente. Tras esta experiencia, es trasladado como consejero escolástico a la casa de Sevilla-Trinidad (1939-1940). Después de un año en Fuentes de Andalucía, en 1941, es destinado a Pozoblanco (1942-1948), como consejero y catequista, para ser al año siguiente nombrado director.
A su muerte un funcionario del Ministerio de Educación y Ciencia recordaba que en dicha delegación se le conocía como «el cura que buscaba el pan para los niños de los pobres». «Empecé la AVENTURA a lo Don Bosco —escribe él mismo— en los años de escasez y hambre…, con la voluntad única de buscar el bien de todos». La aventura no era otra que la de atender a los huérfanos de la Guerra Civil, poniendo en marcha un comedor para todos ellos. Junto al colegio se pone en marcha una academia que da respuesta a una necesidad del pueblo. Y se completa el proyecto abriendo un pequeño internado.
Durante tres años dirige la casa de Arcos de la Frontera, por dos años es párroco del Carmen en Algeciras y uno está de prefecto en Málaga (1953-1954).
A partir de esa fecha su vida se moverá entre Sevilla y Extremadura, como consejero y catequista. Los primeros 16 años son para Sevilla, con ocho en el Hogar de San Fernando-Macarena (1954-1955, 1961-1968) y otros ocho en Triana (1958-1961 y 1968-1973). Destinado en 1973 a Extremadura, allí vivirá los 22 años últimos de su vida: siete en la casa de Badajoz y los restantes en Puebla de la Calzada.
Fue el clásico salesiano «pisa patios». Hasta sus 85 años seguía asistiendo el patio, rodeado de niños.
Se preocupó por descubrir y seguir a los jóvenes que manifestaban evidencias de vocación a la vida religiosa o sacerdotal.
Hombre profundamente piadoso, hasta los últimos días de su vida se unía con gran recogimiento a la oración. Pero en su espiritualidad lo caracterizó y lo definió la devoción entrañable, hecha amor filial, a la Madre Auxiliadora. Tanto que al colocarlo en el ataúd, el coordinador de cooperadores sugirió ponerle entre las manos el rosario, compañero inseparable de su apostolado de pórticos y patios.
Descansó en el Señor el primer día del año 1996, a la edad de 85 años.