Recalde Atienza, Joaquín

Joaquín Recalde Atienza

Sacerdote (1929-2009)

Nacimiento: Pamplona, 28 de abril de 1929
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1946
Ordenación sacerdotal: Tibidabo, 20 de junio de 1955
Defunción: El Campello, 6 de diciembre de 2009

Nació el 28 de abril de 1929 en Pamplona; sus padres fueron Joaquín y Gertrudis, un matrimonio típicamente navarro, de fe firme y sencilla, de trato franco y cordial. Y, como suele ocurrir, de tal palo, tal astilla.

Joaquín entró en el colegio salesiano de Pamplona (1939-1941), fecundo vivero vocacional en aquellos años. Partió al aspirantado de Huesca y después a Sant Vicenç dels Horts, donde hizo también el noviciado y la primera profesión el 16 de agosto de 1946. Realizó los dos cursos de filosofía en Gerona, el tirocinio práctico en Burriana y teología en Martí-Codolar. El 20 de junio de 1955 fue ordenado sacerdote en el Tibidabo.

Trabajó de catequista en los aspirantados de Gerona y El Campello, donde a sus 29 años tuvo que hacerse cargo de la dirección del colegio, por enfermedad del director, don Antonio Mélida. A continuación fue nombrado director del recién abierto aspirantado zaragozano de Sádaba (1960-1963). Da el salto después a la dirección del colegio salesiano de Alicante (1963-1969), en el que, durante seis años, desplegó toda su capacidad de dinamismo pastoral entre jóvenes del colegio y adultos de la Familia Salesiana.

Fue nombrado a continuación delegado inspectorial de los antiguos alumnos y de los salesianos cooperadores (1969-1975). Y, tras un año de formación en pastoral juvenil en Martí-Codolar, empezó una nueva etapa de su vida dedicado al apostolado parroquial, en Burriana, Valencia-San Antonio, Zaragoza, Elche y Albacete.

Prestó su último y breve servicio como director de la comunidad parroquial de Alicante-María Auxiliadora, de donde pasó para ser mejor atendido a la residencia para enfermos de El Campello. Allí murió el 6 de diciembre de 2009, a los 80 años de edad.

Don Joaquín fue una persona dotada de brillantes cualidades que hicieron de él un salesiano polivalente, optimista por naturaleza, de mente abierta y de fácil adaptación a todo tipo de servicio pastoral, lo que, en la cambiante época que le tocó vivir, le permitió encajar sus servicios de animación en todo tipo de ambientes.

Servicial y dispuesto a todo, se le veía siempre alegre y optimista. Le era fácil ganarse a la gente por su presencia fina y educada, su simpatía y cariñosa acogida. Su entusiasmo era contagioso. Su estilo de trato, cercano y cordial.

Don Joaquín terminó sus años en la residencia para enfermos de El Campello. Fueron dos años difíciles y, para un hombre tan vitalista y extrovertido como él, supusieron una dura prueba que supo resolver con gallardía, serenidad y sentido de fe. Periódicamente pedía a un salesiano para poder confesarse. Joaquín fue un buen enfermo que recibía siempre con la sonrisa en los labios a cuantos iban a visitarle. Se alegraba mucho cuando recibía la visita de sus familiares de Pamplona y de sus hermanos salesianos.

Con paz y humildad vivió la situación de sus últimos días y de esa manera entregó su alma rebosante de celo apostólico a su Señor, el 6 de diciembre de 2009, a los 80 años de edad.