Riesco Pedraz, Ricardo

Ricardo Riesco Pedraz

Sacerdote (1926-2005)

Nacimiento: Salamanca, 11 de febrero de 1926
Profesión religiosa: Mohernando, 23 de junio de 1943
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 31 de mayo de 1952
Defunción: Santander, 9 de noviembre de 2005

Al contemplar la vida de don Ricardo vemos en él y en su familia la mano de Dios. Una familia que supo decir sí a las llamadas del Señor y a las miradas bondadosas de Don Bosco y madre Mazzarello que se posaron sobre los dos hermanos, Ricardo y José Riesco, y las tres hermanas salesianas, sor Elena, sor Piedad y sor Paz.

Don Ricardo nació en Salamanca, ciudad y ambiente cultural que dejó profunda huella en su persona y en la manera de orientar sus estudios y preparación. Ricardo, desde pequeño, frecuentó el colegio de María Auxiliadora de Salamanca. Allí sintió la llamada de Don Bosco y nació el ideal que llenó toda su vida: ser salesiano y sacerdote.

Fue ordenado en el Congreso Eucarístico de Barcelona, en 1952. Recién ordenado, es enviado a Deusto, donde estuvo ocho años, cinco como consejero de estudios y tres como administrador. En 1960 pasó a Barakaldo, como director de la Escuela de Maestría.

En 1962 fue destinado como director a Nueva Montaña (Santander). En 1966 fue enviado a Pamplona como director, para volver otra vez, en 1969 a Nueva Montaña, en una segunda época, también como director.

A continuación fue desempeñando los cargos de ecónomo y administrador en Urnieta (Guipúzkoa) y en Bilbao-Deusto, y en 1990 vuelve a Santander como encargado de la iglesia y animador de la Asociación de María Auxiliadora.

En 1992 marcha a la comunidad de Zaragoza para trabajar, junto con don Ismael Mendizábal, en el Índice Analítico Español de las Memorias Biográficas de San Juan Bosco. En 1995 pasa dos años en Madrid, como ecónomo de la Casa Don Bosco y en 1997 regresa de nuevo a Santander, donde vive sus últimos años en la tarea pastoral de atención a la capellanía de los hermanos de La Salle y al ministerio sacerdotal en las parroquias de varios pueblos encomendados por el obispo a los salesianos.

La personalidad de don Ricardo destacaba por su simpatía, la jovialidad, el saber crear familia y amistad en la comunidad, su aprecio a la vida, a la naturaleza, a la convivencia. Fue una persona culta y cultivada, conocedor del latín y de la literatura. Persona de fe vivida y sacerdote entregado.

En sus últimos meses sufrió múltiples achaques que fueron minando su salud. Pero se fue sin decir nada, casi de manera inesperada. Sentado plácidamente en el sillón de su habitación. La víspera de su muerte, en la misa de la tarde, él mismo proclamaba la primera lectura del libro de la Sabiduría: «La vida de los justos está en manos de Dios. La gente insensata pensaba que morían, pero ellos están en paz». (Sab 3,1).

Falleció en Santander, el día 9 de noviembre de 2005, a los 79 años de edad.