José María Risco de la Cruz
Sacerdote (1924-1998)
Nacimiento: Orellana la Vieja (Badajoz), 12 de diciembre de 1924
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1942
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 24 de junio de 1951
Defunción: Jerez de la Frontera, 25 de agosto de 1998
Nace en el pueblo pacense de Orellana la Vieja en el seno de una familia numerosa de siete hermanos, con dos tíos sacerdotes: José María Rastrallo Gómez (mártir, en 1936) y Emiliano Sanz de la Cruz, que le instruye en los estudios primarios.
En 1935 inicia el bachillerato en el colegio salesiano del Paseo de Extremadura (Madrid) y, tras dos años de Guerra Civil pasados en zona republicana, estudia en Utrera (1938-1941), donde sintió la llamada del Señor y con otros tres compañeros partía para San José del Valle a hacer el noviciado, que concluye con la primera profesión el 16 de agosto de 1942, y los estudios de filosofía (1942-1944). El trienio práctico lo pasa en Utrera. En Carabanchel Alto estudia teología, coronada con la ordenación sacerdotal el 24 de junio de 1951.
Estrena su vida sacerdotal como encargado de las vocaciones, asistente de novicios en San José del Valle y asistente de filósofos en Utrera. Trabaja tres años en Sevilla-Trinidad como catequista, consejero y maestro de música. Le siguen dos años como confesor y maestro en Utrera, y un año en Morón de la Frontera. Pasa los siete años siguientes en Extremadura entre La Puebla de la Calzada y Mérida. Los 20 años siguientes (1966-1986) son de plena actividad colegial en la Universidad Laboral de Sevilla, Utrera, La Línea de la Concepción y La Palma del Condado. Resentida su salud, es enviado a Sevilla-Triana (1980-1984), para retornar por un bienio a Puebla de Calzada, como administrador.
La última etapa de su vida (1986-1998) es la jerezana: da clases en la escuela profesional, lleva las parroquias rurales de La Ina y Torrecera, atiende a las comunidades de religiosas, es capellán de la Hermandad del Amor y capellán sustituto del sanatorio.
José María era cortés y educado, aunque de carácter fuerte, persona de gran rectitud y sobriedad, muy detallista y servicial, obsequia con libros a los cartujos de Jerez, reparte a granel almanaques de María Auxiliadora, envía paquetitos a los salesianos de Kara (Togo) o lleva el bocadillo al drogadicto o alcohólico que encuentra diariamente al ir a su misa de la parroquia.
En las tarjetas de visita lo identifica un solo título: José María Risco de la Cruz, sacerdote. Un cura de los de antes, con sotana y alzacuello, celoso hasta el escrúpulo de la dignidad de las celebraciones litúrgicas, de profunda oración, de compostura recogida, en especial en la celebración eucarística. Entre los ruegos al director para cuando muera, pide que mande decir cuanto antes las misas gregorianas por un sacerdote que las diga bien, como quiere la Santa Madre Iglesia. No ha de extrañar que en 1973 valorase la posibilidad de probar su vocación de cartujo, que su confesor desaprobó.
Mártir del sacramento de la reconciliación y buen predicador, era demandado desde lugares dispares, de Jerez o Sevilla a Santiago de Compostela, Orense, San Roque, Tarazona, Orellana, y por tantas comunidades religiosas, en especial femeninas, en las que ejerció con gran celo su sacerdocio.
Será un propagador incansable de devociones populares, como el rezo del rosario, el ángelus, las tres avemarías, el santo escapulario…
Desde muy joven tuvo dolencias estomacales, siendo su vida una historia llena de cuidados médicos, de intervenciones quirúrgicas, de cambios de actividad y de lugar para descansar. Un médico amigo, en un chequeo normal, sospechó de la existencia de un cáncer. Tras una intervención a la desesperada y dos meses de agudos dolores, con gran fortaleza y siempre preparado, como gustaba señalar, nos dejó en Jerez de la Frontera el 25 de agosto de 1998, a los 73 años.