Celestino Rivera Aroca
Sacerdote (1930-1994)
Nacimiento: Madrid, 19 de septiembre de 1930
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1948
Ordenación sacerdotal: Turín, 11 de febrero de 1960
Defunción: Sevilla, 6 de noviembre de 1994
Nace en Madrid el 19 de septiembre de 1930. Su padre, que era militar, al finalizar la Guerra Civil, se trasladó con toda la familia a Sevilla. Celestino comenzó sus estudios primarios en el colegio de San Benito, pasando luego a la recién abierta casa en la barriada de Triana.
Entre 1943-1947 hace el aspirantado en Antequera y en Montilla; sigue en San José del Valle con el noviciado, que cierra con la profesión religiosa (16 de agosto de 1948). Terminado el bienio de estudios filosóficos en Utrera, vuelve como profesor y asistente de novicios a San José del Valle. Es enviado después al PAS de Turín para licenciarse en filosofía. Prosigue allí mismo los estudios de teología, que corona con la licenciatura y con la ordenación sacerdotal en la basílica de María Auxiliadora el 11 de febrero de 1960.
Es destinado por dos veces a San José del Valle como profesor de los estudiantes de filosofía; en el intermedio, dispensa su magisterio a los teólogos en Sanlúcar la Mayor y obtiene en París la licenciatura en Catequética.
Durante 10 años, desde la casa inspectorial, desempeñó los cargos de consiliario inspectorial de antiguos alumnos, vicario inspectorial, fundó y dirigió el Centro de Estudios Catequéticos, uno de los hitos más importantes de su creatividad apostólica. Al mismo tiempo por varios años desempeñó el cargo de vicario de enseñanza en la archidiócesis de Sevilla, además de ser secretario técnico de enseñanza de la asamblea de obispos del Sur de España.
Tras pasar cuatro años (1978-1982) en Roma trabajando en el dicasterio de pastoral juvenil, entonces dirigido por Juan Vecchi, el Rector Mayor lo nombra inspector de Sevilla (1982-1988).
Como inspector, cambia la casa inspectorial de emplazamiento para dar mayor funcionalidad al gobierno de la inspectoría, potencia la dimensión catequético-pastoral y de apertura a las realidades diocesanas, se preocupa del crecimiento vocacional, intensifica los procesos de formación tanto de jóvenes como de salesianos; busca cauces para la formación de seglares comprometidos con la Iglesia y la sociedad, incidiendo sobre todo en el mundo de la enseñanza. Y abre la inspectoría al trabajo misionero en África, compartiendo con la inspectoría de Córdoba la obra salesiana de Togo, ya iniciada por su predecesor.
Terminado su sexenio de inspector, es nombrado párroco de la parroquia de San Juan Bosco. En 1990, es destinado a la delegación nacional de antiguos alumnos en Madrid, donde despliega una gran actividad.
Celestino era un sacerdote cabal, de inteligencia lúcida. Se preocupó de estar al día en los estudios de catequesis y de espiritualidad. Poseía una delicadeza admirable, basada en un temperamento quizá tímido, pero con la conciencia de saber respetar a todos y de llegar a todas partes como portador de paz.
Su salesianidad queda reflejada en la manifestación vital a los tres amores salesianos: los jóvenes, María Auxiliadora y el amor a Don Bosco, entusiasta paladín, además, de la Familia Salesiana. Llevaba en la sangre el sentido de Iglesia, vivido, sobre todo, en los años de servicio directo a la Iglesia de Sevilla como vicario episcopal y en las relaciones de amistad, mantenidas con el clero diocesano y religioso.
La urgente operación quirúrgica hecha en julio de 1993, descubrió la gravedad del mal y sirvió para prolongar algo más de un año la vida. Pero poco a poco el dolor lo dejó postrado en el lecho. A ruegos del inspector de Sevilla, el 11 de octubre 1994 era trasladado Sevilla e internado en el Hospital San Juan de Dios, donde moría días después. Su lecho de muerte se transformó en una cátedra de espiritualidad, aceptando el dolor y ofreciendo su vida a Dios con generosidad. Murió en Sevilla, el 6 de noviembre de 1994, a los 64 años.