Roca Serra, Buenaventura

Buenaventura Roca Serra

Sacerdote (1873-1960)

Nacimiento: Orcau (Lérida), 22 de enero de 1873
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 22 de octubre de 1896
Ordenación sacerdotal: Vich, 1 de junio de 1901
Defunción: Mohernando, 25 de mayo de 1960

Buenaventura había nacido en Orcau (Lérida). Ingresó en Sarrià el 1 de septiembre de 1894 como aspirante. En 1895 comenzaba el noviciado en Sant Vicenç dels Horts. Don Rinaldi le impuso la sotana y le tomó la profesión el 22 de octubre de 1896. En Sarrià hizo al mismo tiempo la filosofía y el trienio, estudiando y asistiendo a los artesanos y a los estudiantes. Fue ordenado sacerdote en Vich (Barcelona) el 1 de junio de 1901.

De catequista en Sarrià pasó a ser director en Valencia, y de allí a encargado del Tibidabo. En 1908 fue nombrado director de Béjar por primera vez. Se impuso la tarea de levantar el nivel escolar y espiritual del colegio. Adecentó la capilla, dio esplendor a las funciones religiosas, solemnizó las fiestas, impulsó el teatro, las excursiones y la música.

A continuación, fue también como director al colegio de San Benito en Salamanca. Allí renovó las clases, acicaló las paredes, consolidó el internado, y… marchó de nuevo a Béjar en 1929 para ser director hasta 1943. Regresaría una tercera vez, desde 1949 hasta 1952.

Fue una institución en Béjar. En 1951, con motivo de sus Bodas de Oro sacerdotales, la ciudad le concedió la Medalla de Plata.

Después, estuvo varios años en San Fernando y uno en Mohernando, donde falleció el 25 de mayo de 1960, a los 87 años.

Su cadáver fue trasladado a Béjar. Su funeral y entierro el 25 de mayo fue una demostración del inmenso cariño que le tributaba la ciudad. Depositaron sus restos mortales en un panteón nuevo, regalo del ayuntamiento y de los antiguos alumnos.

En 1965 le fue dedicada una calle cercana al colegio y le concedieron la Medalla de Oro de la ciudad.

Don Buenaventura era, aparentemente, un hombre duro, exigente consigo mismo y con los demás. En el fondo tenía un gran corazón y era sensible a las necesidades de los demás. Decir don Roca en Béjar, era mentar al paño de lágrimas de los alumnos y de las familias.