Andrés Rodríguez Izquierdo
Sacerdote (1940-2016)
Nacimiento: Bahillo (Palencia), 4 de febrero de 1940
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1957
Ordenación sacerdotal:
Defunción: Caracas, 24 de diciembre de 2016
Nació en el pueblo de Bahillo de la provincia de Palencia el 4 de febrero de 1940. Hizo los estudios preparatorios para el noviciado y profesó en Mohernando el 16 de agosto de 1957. Inmediatamente partió para Venezuela. Tenía solo 17 años, pero poseía el espíritu emprendedor de los misioneros. Desde niño, como él mismo lo expresó, persiguió ser feliz; con el pasar de los años descubrió que la felicidad la encontraba en la meta que se propuso:
«Quiero ser sacerdote salesiano. Mi deseo es vivir y morir como sacerdote salesiano y aspiro a tan alta felicidad porque en esto baso mi felicidad y solo así podré caminar seguro por la senda de la santificación y la salvación».
En sus años jóvenes se presentaba como un muchacho reservado, algo tímido, pero amable, disponible para el trabajo, de muy buenos sentimientos, ocurrente y activo; se dejaba querer y expresaba vigor en sus acciones físicas; por la espontaneidad, el compañerismo y el buen humor.
En Venezuela fue dejando los frutos de su trabajo y las huellas de su fraternidad en varias de las comunidades salesianas: Judibana, donde desplegó sus primicias como sacerdote. Luego Molinete como director de la obra, donde se sintió plenamente salesiano en medio de los jóvenes y del trabajo agrícola. En la Casa Don Bosco de Valencia; estuvo también un año en el aspirantado de Santa María, La Vega, Duaca, Pío XII de Coro. Trabajador incansable. Entregado y obediente a las diferentes responsabilidades que le confiaron. Sabía crear un ambiente de fraternidad y amistad en las comunidades; fiel en su vida religiosa y disponible sin condiciones.
Murió en Caracas, en Fraternidad y Vida, donde pasó sus últimos años, el 24 de diciembre de 2016, con una serenidad asombrosa en cuanto su mundo mental estaba en otros ambientes que no le conectaba con la realidad de la vida cotidiana. Siempre sereno, silencioso, ensimismado. Aquí fue atendido con mucho cariño y atención, viviendo anticipadamente la serenidad de la vida eterna.