Rodríguez Lucena, Antonio

Antonio Rodríguez Lucena

Sacerdote (1948-2023)

Nacimiento: Écija (Sevilla), 29 de abril de 1948
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1963
Ordenación sacerdotal: Sevilla, 30 de octubre de 1977
Defunción: Algeciras (Cádiz), 9 de octubre de 2023

Antonio nació en Écija (Sevilla), el 29 de abril de 1948. Hizo el noviciado en San José del Valle y allí profesó el 16 de agosto de 1963. Los estudios de filosofía los cursó también en San José del Valle (1964-67). El tirocinio lo realizó en Sevilla Hogar San Fernando (1967-1968) y en Alcalá de Guadaíra (1968-1970). Después siguieron los años de estudio de la teología en Turín La Crocetta (1970-1971), en Sanlúcar la Mayor (1971-1972) y Sevilla. Fue ordenado sacerdote en Sevilla el 30 de octubre de 1977 por D. Rafael Bellido.

Los lugares en donde ha desarrollado su labor pastoral han sido los siguientes: Sevilla Hogar San Fernando (1972-1979), Sevilla Pequeños Hogares (1979-1980), Morón de la Frontera (1980-1983), Badajoz (1983-1986), Algeciras (1986-1992 y 2011-2023), San José del Valle (1992- 1997), Mérida (1997-2002), La Línea de la Concepción (2002-2009) y Sevilla Colegio Mayor (2009-2011).

Era diplomado en catequética, maestro de enseñanza primaria e instructor elemental. Se le recuerda como salesiano entregado, hombre de fe, trabajador, responsable y con un gran cariño a María Auxiliadora.

A raíz del atentado que sufrió el 25 de enero de este año, 2023, cuando un fanático yihadista entró en la capilla de San Isidro, donde estaba diciendo misa y lo hirió gravemente con un machete, tuvo que ser internado en el hospital, donde le detectaron un cáncer que poco a poco ha ido menguando su salud, aunque no su ministerio sacerdotal y la atención a la parroquia, de la que desde 2011 era vicario parroquial y ecónomo. Con ocasión del atentado comentó: “Gracias a Dios ha pasado ya todo y estoy esperando el alta, para seguir celebrando la fiesta de San Juan Bosco” y “mucha tranquilidad, que yo la tengo, y no perdamos nunca el ánimo porque el que anima nuestra vida siempre es Dios y María Auxiliadora”. Murió a la edad de 75 años, 59 de salesiano y 45 de sacerdote.