Roldán Marrodán, Carmelo

Carmelo Roldán Marrodán

Coadjutor (1946-2018)

Nacimiento: Lodosa (Navarra), 19 de agosto de 1946
Profesión religiosa: Godelleta (Valencia), 16 de agosto de 1964
Defunción: Cartagena (Murcia), 4 de enero de 2018

Carmelo nació en el pueblo navarro de Lodosa, en el seno de una cristiana familia, formada por sus padres, Leonardo y Jacoba, y dos hijos, Angelines y Carmelo, único varón, que entregaron a Don Bosco. Entre los 8 y 11 años estudió con los teatinos y después orientó su vida hacia la Congregación Salesiana.
Inició su formación salesiana en nuestra casa de La Almunia de Doña Godina, donde hizo el aspirantado y cursó los estudios de oficialía industrial de mecánica.
Realizó el noviciado en Godelleta, donde profesó el 16 de agosto de 1964, y volvió de nuevo a La Almunia para los cursos de perfeccionamiento (1964-1967) y los estudios de maestría industrial en la especialidad de mecánica.
Estrenó sus años de docencia en la escuela de formación profesional de Zaragoza (1967-1970). Fueron tres años de gran actividad entre los alumnos de mecánica. Profunda huella dejó para toda su vida el recuerdo del accidente de carretera en el que murieron dos salesianos de la comunidad, el confesor don Mariano Mallada y el clérigo Luis Fernández. Terminado el trienio practico, regresó a La Almunia para cursar los estudios de ingeniería técnica (1970-1973).
Provisto del flamante título de ingeniero técnico, en 1973 fue destinado al nuevo colegio de Cartagena, del que ya no se moverá y donde ejerció de jefe de estudios de formación profesional y de bachillerato, hasta el momento de su muerte, acaecida el 4 de enero de 2018, a los 71 años de edad, tras una penosa enfermedad de dos años. Fue el final de una vida totalmente entregada a la misión salesiana, en el que dio la medida de su verdadero temple humano y cristiano, asistido por su hermana Angelines, su familia y los hermanos de comunidad. Supo llevar la enfermedad con mucha entereza y humildad, procurando ocasionar el menor trastorno posible, todo a tono con su modo de ser, hombre de pocas palabras y de valores profundos.
El currículum de Carmelo es, como puede verse, sencillo y limpio, sin sobresaltos ni rodeos, como fue su personalidad: un salesiano sin aristas y entregado totalmente a su vocación salesiana. No tuvo más que dos destinos a lo largo de sus 48 años de entrega a la enseñanza: Zaragoza y Cartagena.
Todos cuantos le trataron, tanto hermanos de comunidad como profesores, compañeros y alumnos, lo retratan como una persona sencilla, humilde y enemiga de recibir alabanzas por su trabajo. Era un hombre de pocas palabras con las personas adultas, pero muy hablador y campechano con los muchachos, sobre todo con los más necesitados. Hizo muchos amigos más con su silencio y su sonrisa que con discursos.
En el sentido religioso, era poco dado a manifestar en público sus sentimientos. Pero fue un hombre de mucha fe. «Gentes de su entorno —afirma un compañero— le ofrecieron en más de una ocasión un buen trabajo y un buen sueldo, pero nunca le pasó por la cabeza abandonar su vocación».