Ladislao Rubio Bravo
Sacerdote (1934-2018)
Nacimiento: Las Mestas (Cáceres), 3 de septiembre de 1934
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1953
Ordenación sacerdotal: Posadas (Córdoba), 5 de mayo de 1963
Defunción: Mérida, 16 de agosto de 2018
Ladislao nació el 3 de septiembre de l934 en Las Mestas, un núcleo rural de población dependiente de Ladrillar en la provincia de Cáceres, perteneciente a la comarca de Las Hurdes. Fue el cuarto de siete hermanos de una familia sencilla y austera. El párroco del pueblo, hermano de dos salesianos y de una salesiana, dirigió sus pasos hacia la vocación salesiana.
A partir de los 14 años, hace el aspirantado en las casas de Antequera y Montilla y, tras el año de noviciado en San José del Valle (Cádiz), emite su primera profesión el 16 de agosto de 1953. Estudió la filosofía en Utrera-Consolación (1953-1956). Después del tirocinio práctico en Morón de la Frontera (1956-1959), cursó la teología en Posadas (1959-1963), recibiendo allí mismo la ordenación presbiteral el 5 de mayo de 1963.
Desde entonces desarrolló su labor pastoral en Cádiz, como encargado de aspirantes, primero (1963-1966) y como director de la casa, después (1973-1977). A partir de entonces, todos los años de su vida salesiana transcurrieron en Extremadura: en Badajoz, (de 1968 a 1973 y de 1977 a 1994) y en Mérida, (de 1966 a 1968 y de 1994 hasta su fallecimiento en 2018).
En sus años de director en Cádiz supo encauzar el aspirantado de coadjutores, consiguiendo una auténtica transformación y una nueva planificación formativa.
Al iniciarse la obra salesiana de Badajoz en 1968, participó como jefe de estudios en la primera comunidad con don Tomás Gutiérrez de director. Pasaron muchas penurias y necesidades en esos primeros años, hasta que la obra fue tomando vuelos. Cuando la Junta de Extremadura pidió que se le cediera un pabellón de los construidos para iniciar la facultad de química, la Congregación asintió, contribuyendo así al comienzo de la universidad. Ladislao se matriculó y obtuvo el título de licenciado. Esto marcó su vida por la relación universitaria posterior y porque quedó habilitado para entregarse a la docencia en su especialidad durante largos años.
Sus alumnos lo recuerdan como un profesor exigente, muy bien preparado y competente, con mucha paciencia, sin limitar su tiempo a la clase, siempre dispuesto, con sus trucos y genialidades para hacer estudiar a sus alumnos. Siempre tuvo una especial atención para los antiguos alumnos y fue grande su esfuerzo y colaboración en la creación del Club Familiar Don Bosco.
De Badajoz marchó a Mérida, donde pasó sus últimos veinticuatro años como ecónomo y vicario. Desde esta casa colaboró en la atención espiritual y pastoral de la obra de Puebla de la Calzada, primera obra salesiana en Extremadura (1953) en la que, al quedarse sin comunidad, don Ladislao, trasladándose desde Mérida, realizó durante muchos años una gran labor, recordada por su capacidad de trabajo, por su alegría, por su optimismo.
Lalo (como familiarmente era conocido) murió como había vivido, sin estridencia, como una vela que se apaga serenamente. Hacía unos días que se había sentido más cansado de lo habitual. Siguió haciendo vida normal, pero su corazón (que veinte años atrás había sufrido una delicada intervención) dejó de funcionar sin más, sin agonía, sin una inyección… Falleció el 16 de agosto de 2018, día en que recordamos el nacimiento de Don Bosco
De los testimonios recabados se puede concluir que Ladislao fue un buen modelo como persona, como sacerdote y como salesiano, con una capacidad admirable para la escucha, siempre dispuesto a cualquier servicio que se le propusiera. Ladislao siempre sintió un cariño especial por su familia y veló siempre por su bien, en especial de sus padres y de sus hermanos más necesitados. Sacerdote fiel, cumplidor y siempre dispuesto al ministerio, orgulloso de su vocación, devoto de la Virgen y fiel imitador de Don Bosco. Como él entregó su vida entera al servicio de los jóvenes.