José Sánchez Ruiz
Sacerdote (1929-1962)
Nacimiento: Rota (Cádiz), 14 de agosto de 1929
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1945
Ordenación sacerdotal: Turín, 1 de julio de 1957
Defunción: Utrera, 12 de junio de 1962
Nace en la villa gaditana de Rota. En 1936, con 7 años, entra en el externado salesiano de Utrera y en el curso 1940-1941 marcha al aspirantado de Montilla. En San José del Valle hace el noviciado y la profesión temporal el 16 de agosto de 1945. En la casa de Utrera inicia filosofía (1945-1947), que concluirá con el doctorado en Rebaudengo (Turín). Tras un bienio de prácticas pedagógicas entre las casas de Córdoba y estudiantado filosófico de Utrera, parte para Turín, donde se licencia en teología y es ordenado sacerdote el 1 de julio 1957.
Es requerido para el PAS donde tuvo la cátedra de crítica en Turín (1957-1958) y en Roma (1958-1961). Mientras, conseguía en la Universidad de Madrid la licenciatura civil en filosofía y perfeccionaba su formación en contactos con la cultura alemana.
La Providencia lo había enriquecido con un conjunto de dones que harían de él, en breve tiempo, un profesor altamente cualificado. La delicada salud y la brevedad de su jornada terrena no le permitieron dar la plena medida de sí. Y sin embargo, los numerosos ensayos publicados en revistas de prestigio internacional, como Divus Thomas, Crisis, Estudios filosóficos, Salesianum, lograron la admiración de los estudiosos. La muerte lo sorprendió a punto de dar a la imprenta una monografía sobre Miguel de Unamuno.
Abierto y sensible, era por carácter cordial y servicial, sencillo y modesto; sobre todo, feliz y sereno.
Moría en Utrera, asistido por su madre, el 12 de junio de 1962. Su muerte imprevista, con solo 32 años de edad, despertó en cuantos lo habían conocido, un sentimiento de desolada turbación y profundo dolor. Nada pudieron hacer contra las complicaciones de la obstinada nefritis que sufría desde hacía años, ni las curas de insignes médicos ni el saludable clima nativo, ni las delicadas atenciones de su madre, que recogió, con ánimo fuerte, su último suspiro. El Señor, juzgándolo maduro para el cielo, lo llamó a Sí cuando se tenían cifradas en él las más halagüeñas esperanzas.