Gregorio Santana Arencibia
Sacerdote (1926-2009)
Nacimiento: Bañaderos (Las Palmas), 6 de septiembre de 1926
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1944
Ordenación sacerdotal: Córdoba, 23 de junio de 1957
Defunción: Las Palmas de Gran Canaria, 30 de septiembre de 2009
Nace en Bañaderos (Gran Canaria), hoy pequeño barrio de Aucas, rodeado de plataneras y bañado por el mar, el 6 de septiembre de 1926. Sus padres fueron Gregorio y Carmen, gente humilde, honrada y muy cristiana. De los cinco hijos, Gregorio era el menor, dos fueron sacerdotes y una, adoratriz.
En 1937 entra como huérfano en el internado del colegio salesiano de Las Palmas. Visto su buen talante y predisposición, es invitado a integrarse en el aspirantado salesiano de Montilla. Después de cuatro años, pasa al noviciado de San José del Valle en 1943 y emite sus primeros votos el 16 de agosto de 1944. Ahí mismo comienza sus estudios de filosofía para terminarlos en Utrera en 1946.
El tirocinio práctico lo cumple en Pozoblanco, Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, compaginándolo con el servicio militar. Los estudios de teología los realiza en Alcalá de Guadaíra y en Posadas. Es ordenado el 23 de junio de 1957 en Córdoba y celebra su primera misa en Caideros de Gáldar, donde era párroco su hermano José.
Desde su ordenación trabaja con los jóvenes en las casas de Córdoba, La Orotava, Santa Cruz de Tenerife, Madrid, Linares (director), Barcelona, Montilla, Las Palmas de Gran Canaria (director), Palma del Río y Ronda.
Por último, culmina su vida en Las Palmas de Gran Canaria (1997-2009). En 1998, a los 72 años se jubiló de clases y desarrolló su labor como párroco del Barranquillo de Don Zoilo, donde derrochó celo apostólico, montó un oratorio y sus célebres tómbolas. Cuidó de los miembros de la Familia Salesiana, sobre todo el ADMA y los grupos de Hogares Don Bosco. Disfrutó de su familia en Pájara los veranos y en los encuentros familiares.
El 9 de marzo de 2007 se sintió mal y sufrió un ictus cerebral. Con esfuerzo y tesón fue recuperándose, aunque muy mermado de facultades. Falleció a los 83 años, el 30 de septiembre de 2009, en Las Palmas. Sus restos reposan en el panteón salesiano del cementerio grancanario de San Lázaro.
Enamorado del canto y la música, era capaz de decir misa, tocar y cantar a la vez. Le gustaban los juegos de mesa, que desarrolló y compartió con los jóvenes especialmente en Linares, en los oratorios y en los campamentos del movimiento Luz-Vida. Fue un salesiano afectuoso y de espíritu de familia y oratoriano, sencillo y humilde cercano a los más alejados y pobres.