Ricardo Santos Sánchez
Sacerdote (1932-1998)
Nacimiento: Valsalabroso (Salamanca), 6 de octubre de 1932
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1951
Ordenación sacerdotal: Córdoba, 24 de junio de 1960
Defunción: Valsalabroso (Salamanca), 16 de febrero de 1998
Nace en Valsalabroso, pueblecito salmantino de pocos habitantes, pero que ha dado bastantes salesianos e Hijas de María Auxiliadora para las inspectorías de León y Sevilla.
Su padre ejerció el oficio artesanal de herrero, y mientras en el yunque a golpe de martillo se iban forjando rejas de arado, herraduras, verjas…, en el seno de la familia cristiana iba naciendo y forjándose la vocación salesiana que prendió en el corazón de tres de sus hijos: Ana María, Hija de María Auxiliadora que murió repentinamente a los 26 años; Adolfo, durante varios años salesiano, y Ricardo, que en agosto de 1946 marcha al aspirantado de Antequera. Tras concluir el aspirantado en Montilla, en San José del Valle hizo el noviciado, culminado con su primera profesión el 16 de agosto de 1951, prosiguiendo en Utrera los estudios de filosofía. El trienio lo realizó en las casas de Sevilla-Trinidad y en el colegio de Utrera. Estudia teología en Posadas y se ordena de sacerdote el 24 de junio de 1960.
A partir de su ordenación, asumió muchos destinos y servicios, (catequista, consejero, administrador, asistente…) en la Universidad Laboral de Sevilla, Cádiz-Valcárcel, Écija, Carmona y, tras una ausencia de ocho años (1966-1974), Utrera. En el siguiente sexenio (1974-1971) deambula, año tras año, por Badajoz, Puebla de la Calzada, la Universidad Laboral de Sevilla, Sevilla-Trinidad, Utrera y Aracena.
La estancia más prolongada de su vida salesiana (1981-1998) la pasó entre Campano y San José del Valle, como vicario parroquial, administrador o coordinador pastoral de las escuela-hogar para niños internos de origen humilde y campesino y de difícil escolarización, en las que trabajó con ilusión y entrega los últimos 17 años de su vida salesiana.
En la persona de Ricardo descubrimos un hombre bueno, sencillo, sin cualidades relevantes. Detallista, buen conversador, que recordaba nombres y apellidos, situaciones y datos personales, reía y era cordial.
Ricardo siempre gozó de buena salud. Solo en los últimos años tuvo algunas dificultades respiratorias y afección reumática. Una revisión a fondo vio necesario implantar un marcapasos que equilibrara su ritmo cardíaco. Parecía que con el nuevo motor su corazón podría latir bien y por mucho tiempo.
Tan animado se sintió que, con el permiso médico, quiso visitar a la familia en Salamanca. Pasó con sus hermanos unos días perfectamente, pero el lunes, 16 de febrero, se sintió mal. Llamados con urgencia, los médicos no pudieron hacer otra cosa que certificar su muerte por paro cardiorrespiratorio. Era el día 16 de febrero de 1998, y tenía 65 años de edad.
Quiso Dios que su muerte fuera como había sido su vida: sin hacer ruido ni molestar a nadie. En su pueblo y rodeado de salesianos y sus familiares más queridos, recibió sepultura junto a sus padres.