Severiano Sanz Gil
Coadjutor (1926-2018)
Nacimiento: Torre de Peñafiel (Valladolid), 20 de marzo de 1926
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1942
Defunción: Arévalo (Ávila), 16 de marzo de 2018
Seve, como todos lo llamaban, nació en el pueblo vallisoletano de Torre de Peñafiel. Fueron sus padres Justo Sanz y Victoriana Gil, hermana del mártir salesiano Valentín Gil. En 1935, cuando Seve tenía 9 años, su tío estuvo unos días en su casa, entretenido en ayudar en las faenas de la recolección y en jugar con los chicos del pueblo. Cuando su tío marchó para ir con su madre, que vivía en el cercano pueblo de Rábano, Seve lo acompañó y durante todo el camino fueron cantando cantos populares y algunos otros cantos, que Seve no conocía, pero que después supo que eran cantos salesianos. Esta manera alegre de su tío lo impresionó de tal modo que desde entonces su gran deseo fue el ser como él. No volvió a verlo más, porque al año siguiente fue martirizado durante la guerra. Años más tarde, Seve se dedicaría con ahínco y cariño a recordarlo, recogiendo documentos, escribiendo su vida y rindiéndole cariñoso homenaje por el don que le había hecho de haberlo acercado a Don Bosco y a María Auxiliadora.
Seve hizo con gran provecho sus primeros estudios en las escuelas del pueblo. En 1939, apenas terminada la guerra, en la que su tío y otros dos salesianos del pueblo de Rábano, Esteban Cobo y su hermano Federico, habían sido martirizados, ingresó en el aspirantado de Carabanchel Alto. Allí tuvo la suerte de encontrarse con un gran amigo de su tío Valentín, el famoso cocinero señor Liza. Fue él quien le habló de su tío y le informó de que había sido un excelente cocinero, lo cual aumentó su admiración por él y el deseo de sustituirlo incluso en el oficio de cocinero. Hizo el noviciado en Mohernando. Allí trataron de convencerlo para que siguiera estudiando para sacerdote, pero él tenía sus ojos puestos en su tío Valentín y dijo que él había venido para sustituirlo y ser como él: salesiano coadjutor. La suya era una decidida y consciente vocación de coadjutor, y lo fue y de los de importancia. Ya en el noviciado ayudó en la cocina y aprendió bien el oficio de cocinero. Profesó el 16 de agosto de 1942. Fue enviado al colegio de Madrid-Atocha. Allí pasó 12 años trabajando como cocinero en la casa y en las colonias de verano, siendo muy estimado por todos. Como en el noviciado había pedido ir a las misiones, don Modesto Bellido aprovechó la ocasión de que acababa de abrirse la nueva inspectoría de Paraguay para enviarlo allí. Severiano todavía en plena juventud, 30 años, fue destinado al colegio Monseñor Lasagna de Asunción, un colegio de bachillerato y con muchas actividades de todo tipo. Allí permaneció durante los 21 años que duró su estancia en Paraguay. Fue nombrado secretario y ayudante del ecónomo de la casa. Desde ese cargo servía de enlace con las misiones salesianas del Chaco paraguayo. Él se encargada de llevar a los barcos todo lo que los misioneros necesitaban o pedían. Uno de los apostolados más interesantes que Severiano ejerció en Paraguay fue realizado a través del cine. En Paraguay existía entonces solo una pequeña casa de distribución de películas, propiedad de un judío. Seve se dio pronto cuenta de que se necesitaba un centro mayor y con más películas para atender a la creciente petición que llegaba, no solo de la ciudad de Asunción, sino del resto del país, incluidas las misiones del Chaco. Severiano vio en esta actividad la ocasión de ejercer, mediante el cine, la importante labor de catequizar a la gente, especialmente a los jóvenes.
Por eso se lanzó a crear un centro de distribución de películas, documentales, filminas etc., y los correspondientes instrumentos necesarios para su proyección. No ahorró esfuerzo, tuvo que moverse por todas partes para tratar con productores y distribuidores de otros países y comprar el material que se necesitaba. El centro distribuidor de películas de Seve adquirió gran prestigio en el país. A él acudían colegios, parroquias, misiones e incluso muchos particulares en busca de películas, que Severiano les servía ya preparadas para que no tuvieran necesidad de cortar escenas no aptas para el público infantil. Consolidada ya esta actividad, y hallándose su madre enferma, Seve regresó a España y fue destinado a la Procura de misiones, donde siguió trabajando con gran entusiasmo en favor de las misiones. En los últimos años su interés se centró sobre todo en el culto a los mártires salesianos. Escribió el libro Los tres mártires salesianos de Rábano, entre los que estaba su admirado tío. Aunque Seve era un hombre fuerte, que gozaba de buena salud, con la edad esta fue progresivamente decayendo hasta llegar a impedirle el normal desenvolvimiento de sus tareas cotidianas. Tuvo que ser ingresado en la residencia Don Felipe Rinaldi de Arévalo y allí murió el 16 de marzo de 2018, a punto de cumplir 92 años de edad.
Seve fue un magnífico ejemplo de vocación salesiana y misionera. Generoso, sin pensar en sí mismo, y lo hizo con alegría, amabilidad, sencillez y gran espiritualidad interior. Siempre con la sonrisa en los labios y la caridad en el corazón.