Aniceto Sanz Yagüe
Sacerdote (1899-1995)
Nacimiento: Valdesimonte Cantalejo (Segovia), 17 de abril de 1899
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1920
Ordenación sacerdotal: Madrid, 25 de mayo de 1929
Defunción: Madrid, 10 de noviembre de 1995
Habiendo nacido en Valdesimonte, pueblecito segoviano, a los 14 años comenzó el aspirantado en Salamanca, que continuó en Carabanchel Alto y en El Campello, de la mano de D. León Cartosio y D. Alejandro Battaini. Retorna a Carabanchel para realizar el noviciado y profesa el 25 de julio de 1920. Con premura, estudia filosofía y otras materias científicas, con el objeto de poder salir a las casas a cubrir huecos ante tanta demanda. Su primer año de tirocinio lo pasa en Santander (1921-1922). El año siguiente lo hace en Atocha. De 1923 a 1925 es destinado a Buenos Aires y Rosario, en Argentina. Y, directamente, va a estudiar teología a La Crocetta. Cursa el último año en el Paseo de Extremadura, y es ordenado el 25 de mayo de 1929 en la basílica de la Milagrosa. Tres días más tarde, celebra la primera misa cantada en su pueblo.
Sus primeros años sacerdotales discurren entre el Paseo de Extremadura, Santander, La Coruña y Vigo, donde pasa los años de la Guerra Civil.
Acabada la contienda, es nombrado director de Salamanca-San Benito, de 1940 a 1946. Tras un breve curso en Azcoitia, es nombrado director de Baracaldo, que rehace de las heridas sufridas durante la guerra (1947-1950). De 1950 a 1956 es director de Estrecho. Gracias a las buenas relaciones con la duquesa de Alba, acometió las profundas reformas que necesitaba el colegio y emprendió la restauración de la hermosísima cúpula de la iglesia. Él mismo se veía como «director albañil y constructor, al servicio de lo que el inspector disponga». De 1956 a 1962 es director de Béjar. En 1962 se encarga de la dirección del aspirantado de Carabanchel, tras la marcha de los teólogos a Salamanca. Con gran sacrificio, logra mantener la economía y el espíritu de la casa. En 1965 es destinado de nuevo a Estrecho, encargándose de la iglesia con dedicación, pulcritud y empeño, recordando con veneración los pasos de don Antonio Torm. Allí permanecerá hasta su muerte, Hombre culto, sacerdote teológicamente muy bien preparado, dotado de facilidad de palabra y de pluma, era muy buen predicador y con mucha frecuencia daba charlas, retiros y predicaba ejercicios espirituales. Mantuvo la pasión por la lectura hasta pocos días antes de morir. Recensionaba personalmente las obras que leía. Gustaba de estar al día a través de la prensa y de la televisión.
Se conservan escritos, siempre a máquina y archivados en doble copia, centenares de artículos y cartas privadas, enviados a revistas y periódicos sobre multitud de temas. Colaboró en Vida Nueva, Ilustración del Clero, Vida Religiosa, Iglesia Mundo, En Familia, Ya, ABC, Alcázar, Heraldo Español y Adelanto.
Solía firmar y hacerse reconocer como Aniceto Sanz Yagüe, presbítero, muy al estilo de Don Bosco. Fiel a la eucaristía diaria, dejó escrito en su diario el día anterior a su muerte: «Días y noches rabiosamente malas. Recé el breviario, pero no dije misa.
¡No dije misa tras mil años!, ¡el colmo!».
Falleció, el 10 de noviembre de 1995, a los 96 años de edad.